¿Qué es la picardía? ¿Podemos desarrollarla?

La picardía es una rasgo de la personalidad asociado a una forma de relacionarse traviesa, seductora y alegre. Se suele manifestar frecuentemente en los niños, dadas sus altas dosis de encanto natural.



Solemos decir que una persona es pícara cuando hace pequeñas gracias maliciosas de contenido sexual. Con gestos, expresiones y frases cargadas de sensualidad; pero casi siempre disfrazadas con un cierto encanto infantil. Como el que no quiere la cosa o no se da cuenta de lo que dice… lo cual suele transmitirnos mucha astucia en las mujeres u hombres la dominan.

Dicho de otra forma, la picardía seduce por sí sola. Consigue transmitir una sensación de enamoramiento exprés a través del misterio, la imprevisibilidad y el deseo de protección. Cómo si quisiéramos coger a esa persona pícara y guarecerla en nuestros brazo para que nadie pudiera dañar su sensibilidad. Aunque sepamos a ciencia cierta que utilizan dicha arma para seducirnos.

El gran poder de la picardía para relacionarnos

La picardía tiene el poder de bajar nuestras defensas. Nos ayuda a mejorar nuestro sentido del humor, desviando nuestra mente desde nuestro problemas hacia esa desconcertante magia de lo imprevisible.

Para mi, pícaro por naturaleza en muchos momentos, esta cualidad es toda una habilidad social en sí misma de la que he sacado mucho petroleo. Veamos lo útil que es analizando uno de los ejemplos de conversación de mi libro Despierta belleza:

Ejemplos de picardía dentro de una conversación:

—¿Qué coño hacéis en mi coche? —aparece gritando con furia una chica al llegar—. ¿De qué vais? Como me lo hayáis rayado o algo os vais a enterar.

Pese a su rabia escasamente contenida, su rostro es angelical y no hay duda de que se ha engalanado para lo que es una mágica noche de verano donde corresponde ir seximente vestida. Haciendo gala de un provocador e insinuante escote que perfila perfectamente sus curvas en el canon 90, 60, 90.



En ese momento, un amigo se alza dispuesto a calmar los ánimos con la misma fortuna que un gorrión atado en una jaula.

—Perdona, no hace falta que te pongas así. No le hemos hecho nada.

Pese a ir dispuesto a poner paz, mi amigo comete el fatídico error de juzgar el comportamiento de una persona llena de ira.

En qué estaría pensando…

—Me da igual, chaval. ¡Yo no me pongo de ninguna manera! Sois vosotros los que estáis donde no debéis.

—Entiendo que te fastidie, pero es una falta de educación venir aquí a gritarnos. Ni que hubiésemos cometido un crimen —argumenta de nuevo mi compinche metiendo la pata hasta horizontes inexplorados.

Cuando estamos enfadados, por más que la acusación que nos lancen sea verídica al 100%, vamos a defendernos con uñas, dientes y a pisotones si es necesario. Las argumentaciones sin calma siempre sobran.

—¡Ahhhhhhhhhh! —grita ella estallando por la frustración.

Lo que aprovecho para introducirme en la partida.

¡Empezamos a incorporarnos en la conversación con un comentario pícaro!

—Perdona, ¿puedes repetir ese chillido? Me ha parecido super melódico.

—¿Cómo dices? —susurra ella totalmente desconcertada.

—No sé, me ha gustado —respondo con inocencia—. ¿Has dado clases de canto o eres cantante o algo así? Ya me gustaría a mi dar gritos tan encantadores —continúo diciendo mientras me voy acercando ella.

La miro sonriente y con buen ánimo. Con un tono cómplice y sin juicios.

—Macho, no te pillo —resopla ella algo más tranquila en su descoloque.

Algunas conclusiones antes de seguir:

Fíjate como esa inocencia, humor y desenfado mediante un par de comentarios desconcertantes, acompañados de un lenguaje encantador, relajan a la otra personal. Esta es una historia real en la que mi actitud de niño con ganas de juego hizo precisamente eso, que la chica se calmara al ir poco a poco contagiándose de mis emociones. ¡Eso es picardía!

Continuemos con el ejemplo:

—Bueno, ahora en serio. Yo soy el chico del coche de al lado. Nos hemos puesto a beber en mi maletero y lo que pasa… estábamos hablando y sin querer nos hemos desviado hacia tu coche. Te pido disculpas. Si yo hubiese llegado a mi coche y me lo hubiese encontrado con un montón de tíos desconocidos apoyados en él, me habría puesto igual que tú.

En cuanto pronuncio ese “me habría puesto igual que tú”, percibo cómo ahora sí su rostro se relaja por completo. Haciéndole ver a plena luz que la entiendo. Ella ya sabe que ese comportamiento no es digno de la madre Teresa de Calcuta. Lo percibe en sus infiernos, no hace falta reprochárselo.

—Ya, bueno… Menos mal que tú eres más razonable. Porque tu amigo casi me saca de quicio —espeta mientras a mí me empieza a dar la risa.

—Sí, veo que contigo también lo consigue. Ahora, déjame decirte una cosa. Si eres capaz de defender así tu coche, que no deja de ser un objeto, no me quiero ni imaginar cómo lo harás cuando alguien se meta con tu novio. ¡Qué sepas que ahora mismo le tengo mucha envidia!

(Observa este último párrafo, porque le estoy diciendo muchas cosas. Como que me encanta que sea una chica protectora. Es decir, la estoy elogiando. Lo que llamamos cualificación.)

—Muchas gracias, aunque la verdad es que no… no tengo novio —susurra visiblemente nerviosa y cautivada.

Otra dosis de picardía para dirigir la conversación a un plano más sexual

A continuación verás dos dosis más de picardía en este ejemplo. En primer lugar al expresarle con humor que la quiero conocer, y en segundo lugar, al cogerla de forma coqueta para observar su cuerpo. Observa:

—Pues si no tienes novio, ¿entenderás que quiera conocerte más verdad? A ver, déjame que te vea bien —le digo cogiéndola de sus manos hacia arriba mientras contemplo su cuerpo con un gesto divertido que la hace sonreír—. Sí, sin duda alguna ahora lo tengo claro. Dame dos besos, anda.

Y así continuamos hablando durante largos minutos que se convirtieron en decenas de ellos hasta que sus amigas le suplicaron reanudar su marcha. No sin antes ofrecerme su número de teléfono y un más que cálido abrazo.

¿Te ha gustado este ejemplo? Pues en Despierta belleza encontrarás nada menos que 100 relacionados con las teorías del libro en sus 368 páginas. ¿A qué esperas para sacar a relucir todo tu ingenio?

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DESPIERTA BELLEZA YA A LA VENTA

¡Abre los ojos a un mundo cargado de pasión y belleza! Acompañado de 100 conversaciones en narrativa y 40 poemas en prosa, Despierta belleza nos insta a ser más creativos en nuestras relaciones sociales y trasladar ese instinto a todas las áreas de nuestra vida. Promoviendo actitudes valientes que despierten al artista que llevamos dentro desde aquello que más hacemos: comunicarnos con nosotros mismos y con los demás.

Empieza por desarrollar tu encanto



¿Recordáis a ese chico o chica, amigo o amiga, novio o novia, o lo que fuera, que cuando llegaba a hablar contigo o con tu grupo, al poco tiempo llenaba de energía positiva al resto? Esa persona que es capaz de contagiarte su sonrisa, optimismo y ganas de vivir.

Seguro que ya os estáis imaginando a alguien…

Pues bien, eso es seducir con encanto, el rasgo más importante para desarrollar la picardía.

Proceso de típico al cautivar con picardía y encanto:

  1. Empiezas a entablar una conversación, llegando con un estado de humor parecido o un poco más alegre al de la persona que tienes en frente. Los que sepáis algo sobre PNL, sabréis que a esto se le llama Rapport. Seguidamente, procederemos a contagiar un estado de humor más positivo, irradiando felicidad y buen rollo. Mezclando nuestra penetrante mirada con sonrisas cariñosas aquí y allá.
  2. ¡Abre bien los ojos! Esa persona que tienes enfrente y que ahora se abre como flor en primavera contándote cuanto adora a su perro Smufi, está proyectando rasgos que la diferencian y la hacen única y especial. Aquí es cuando escucharemos y observaremos a esa persona para ir cualificándola y que sepa que nos está gustando.
  3. Ultimo paso, ¿qué falta? Efectivamente, incendiaremos sus emociones y deseos sexualizando nuestra conversación o tornándola más romántica. Aquí es donde entra en juego la picardía. Haciendo sentir deseada a la otra persona con la sensualidad de nuestra conversación. Más pícara cuanto más intentemos desconcertarla con un humor de carácter sexual.

Muy bien, ya tenemos una pequeña guía a seguir. Evidentemente esto no es lineal y, en definitiva, iremos mezclando el humor y el buen rollo con la cualificación, la sexualización y el romanticismo. Si todavía no entiendes bien estos conceptos, los encontrarás más desarrollados en mi artículo: El don de la labia: Guía para tener labia

Actitudes de una persona con picardía

Ahora vamos a lo más importante, el cómo. ¿Cuál es la actitud de una persona que atrae con su naturalidad y encanto?

El objetivo principal es contagiar ese estado de alegría de forma que el chico o la chica se sienta muy a gusto contigo. Convirtiéndote en la estrella del espectáculo, haciendo a esa otra persona adicta a ti y a las emociones que le haces sentir.

Contagia alegría, sé optimista

En primer lugar deberás sentirte alegre y con actitud de juego. Transmitiendo felicidad, diversión, aventura etc. Contagiando dichas emociones a través de las neuronas espejo.

¿Qué pasa si el planeta tierra se descuelga del sistema solar y se va hacer puñetas? ¿Qué pasa si la situación es adversa? Pues que sencillamente destacarás todavía más. Puedes escuchar sus problemas y preocupaciones, prestar oído a sus quejas, pero podrás cambiar esta situación negativa mediante tu encanto y buen rollo. Proporcionándole placer de una forma desenfadada.

optimismo

Simplemente, se trata de ser optimista. La gente por lo general suele ser negativa aunque intenten aparentar lo contrario, y eso hace que encontrar una persona cuyo optimismo sea contagioso y poco convencional, además de duradero y sólido en la adversidad, se convierta en un tesoro que nadie quiere dejar escapar. Por ello, si ante situaciones adversas, en lugar de quejarte o de maldecir a la madre que parió a Zipi y Zape exhibes un exterior sereno y mantienes el buen humor, evitarás emociones alteradoras que pongan a la defensiva a la otra persona.

La naturalidad de un chico o chica que seduce con encanto es una naturalidad inocente. El transmitir cierta inocencia es muy efectivo en las seductoras, pero también lo es para los chicos.

Seduce con la naturalidad, encanto y el optimismo de los amantes de las sensaciones. Sonrisas, miradas, gestos y palabras que acarician son tus armas.
#wearebrave

Combina picardía con serenidad

No es bueno excederse (como con nada) con esta naturalidad inocente, pero sí que está muy bien utilizarla con pinceladas. Como vimos en el ejemplo de conversación que hemos analizado antes.

Es posible que escuchéis de la otra persona alguna frase como “¡Ay que me lo/a cómo!, ¡qué bonico/a!”. Además, de esta forma no solo seducirás a la persona que te gusta, sino que en entornos sociales te hará ser visto con una naturalidad muy atractiva y coqueta.

En mi caso también lo usé mucho en clase. De ahí que todos mis profesores, especialmente profesoras, me tuviesen en ocasiones un poquito mimado.

Trasmitir cierta inocencia y pillería es muy seductor. No obstante, las sexualizaciones se hacen aún más especiales aquí. Podrás parecer un niño o niña inocente, pero lo combinaremos con mucha pillería, golferío y hambre de sexo. Esto es especialmente efectivo para las chicas.

Chicos,

¿cuántas veces nos hemos imaginado que la chica que tanto nos gusta, nos mira con cara de niña buena a la vez que nos dice lo mucho que le apetecería quitarnos la ropa?

Y  chicas,

¿cuántas veces os habéis encontrado al típico irradia alegría y juego como un niño pequeño y luego te suelta una frase que te excita?

En definitiva, se trata de hacer un pequeño contraste de actitudes: inocencia y optimismo por un lado; y cualificación y sexualización por otro.

Ejemplo de picardía con lenguaje romántico

Recostados sobre el colchón las sábanas nos envuelven en la indefensión que sentimos hacia el resplandor de nuestros ojos.

—Si me miras así me vas a sacar volando del planeta. Así que, por favor, con cuidado. Antes me tienes que enseñar a aterrizar —le susurro a mi chico mientras nos miramos embelesados.

Juntos, a esos escasos centímetros donde la óptica dilata las pupilas.

—Eres tú la que haces que me pierda —sulfura cerrando los ojos antes de volver a penetrarme con ellos—. Me encantas toda tú, tu seductora ternura, tus dulces caricias, tu esperanzadora sonrisa…

—Te la estás jugando… Eres capaz de despertar mi parte más tierna y romántica, pero también la más mala, sexual y peligrosa. Así que no me incites a un segundo asalto —espeto resplandeciente con ciertas dosis de picardía sexual.

—Sabes que me abandonaría por completo a ti. A tus besos, a tus caricias, a tus deseos… Tuyo, completamente tuyo… —continúa susurrando despacio entre silencio y silencio en una armonía que nos hace eternos.

¿Te has fijado en el lenguaje no verbal de esta narrativa de mi libro Despierta belleza? Espero que sí, porque es justo de lo que vamos a hablar a continuación.

Lenguaje no verbal

Tu lenguaje no verbal tiene que ser congruente con lo que dices o quieres hacer llegar a la otra persona. Recuerda que siempre estamos comunicando. Puedes morderte el labio conscientemente, o poner cara de hipnotizado/a mientras te habla, jugar con tu pelo, etc…

Nuestro lenguaje corporal, para transmitir encanto, picardía y sensualidad, debe componerse de movimientos lentos y con gracia. Para que os hagáis una idea, debe ser como si estuvieseis sumergidos debajo del agua, no manifestando estrés ni ningún tipo de ansiedad.

Recordemos lo que decíamos antes: atrae más una actitud optimista y positiva antes que una negativa, conflictiva o incluso neutral. Por ello nuestro lenguaje corporal debe ser armonioso y reflejar nuestras mejores cualidades.

Atiende a mirada, voz y gestos

  1. Mirada. Sin lugar a dudas, la mirada es uno de los mayores poderes de seducción. Mantener un contacto visual prolongado, sobre todo en los silencios mientras sonríes genera una tensión sexual muy potente. Fíjate en cómo se miran dos enamorados e intenta interiorizar este tipo de mirada. Una mirada que mezcle el romanticismo con tensión sexual. Un tipo de mirada penetrante y acariciante, que le haga ver reflejado en tus ojos sus más profundas pasiones y anhelos.
  2. Voz. Una voz profunda, sexual y cálida. Insinuando deseo de forma sutil, calmada y reposada pero no impostada que pueda resultar falsa. Debe ser el tipo de voz que te sale del alma, aquella que posees de manera natural pero contagiada de un tono que insinúe pasión y placer sexual.
  3. Gestos: Inocentes y eróticos. Un contacto acariciante y sensual puede desatar los instintos más animales si se hace con suavidad. Siempre mezclando contrastes: tocando primero suavemente y luego algo más fuerte. Siendo dominante e inocente por momentos.

A la combinación de todos estos elementos nos gusta llamarlo embelesamiento, ya que produce un efecto de total concentración entre los dos. Es algo así como un efecto hipnótico en el que sin saber muy bien porqué, no podemos dejar de mirarnos y sonreír.

Confianza

La confianza y la decisión son muy importantes en la seducción. Podemos ser decididos porque tenemos una gran confianza en nosotros y eso es muy atractivo. No obstante, hay otra forma de ser decidido, y ésta es no ocultado nuestras debilidades.

Avanzar de forma que se sienta que no te puedes contener, que te dejas llevar por los encantos que ese chico o chica ha provocado en ti porque no puedes resistirlo. ¡A esa debilidad me refiero!

Personalmente prefiero esta segunda porque a mis ojos resulta más natural y romántica. El problema de ser alguien muy confiado y decidido es que puede despertar ciertas disonancias, de ahí las típicas frasecitas del estilo «eso se lo dirás/lo harás con todas».  Si parece que solo te has dejado llevar, esos obstáculos los podemos evitar.

No obstante podemos contrarrestar y jugar con esta confianza mediante la vulnerabilidad. Contándole pequeñas inseguridades o mostrándonos tímidos en ciertos momentos. A poder ser mostrando la inocencia atractiva que ya hemos comentado; aumentando esa timidez el efecto de la picardía.

No obstante, sea de una forma o de otra, intenta que no te falte decisión. Ya que si en un momento clave en el que debemos ser decididos nos mostramos indecisos, la otra persona se contagiará de nuestras dudas. Puede transmitirle cobardía y perdiendo así atracción.

Sé imprevisible con picardía

Siempre lo mismo cansa. Por eso hay que tener varios ases en la manga y ser una persona imprevisible. Habrá momentos en lo que tengamos que mostrarnos serios e incluso inyectar algo de peligrosidad y misterio en la interacción para hacerla más excitante. En otros lanzaremos bromas imprevistas, sonrisas pícaras o miradas indiscretas.

imprevisibilidad

Algunos comentarios como “No creo que sea un chico/a bueno/a para ti”, “eso no me gusta nada, pero tranquila, ya me las pagarás”, pueden formar parte de nuestro repertorio sexualizador. Incorporando algo de seriedad a nuestra personalidad animada. Más en: Seduce con juego e imprevisibilidad.

Resumiendo

  • Atraes a las personas contagiando tu buen rollo. Con tu naturalidad, optimismo e inocencia.
  • Te centras en la otra persona, en que se sienta bien contigo. La observas, hablas de ella y la cualificas de forma positiva.
  • Avanzas con confianza y decisión, dando a entender que te dejas llevar.
  • Inyectas emoción y deseo con tus sexualizaciones.
  • Potencias tus movimientos siendo congruente en tu lenguaje no verbal a la vez que embelesas.
  • Resultas imprevisible, mostrando una personalidad compleja y misteriosa.
WE FEEL THE PASSION

SENTIMOS LA PASION

Seducir es disfrutar de cada instante, porque no hay mayor seducción que la de sentir nuestro presente. El roce del una sonrisa, la electricidad que transmite una mirada. Palabras que pasean por el aire y nos encienden de emoción. Seducir es amarse a uno mismo, amar a los otros y dejarnos envolver por la magia que se crea. 
#wearebrave

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