Solucionar y evitar discusiones de pareja hablando

Aprende a solucionar y prevenir discusiones y conflictos en tu relación de pareja

Las relaciones de pareja pueden ser una convivencia muy beneficiosa para ambos, o un continuo sobrevivir a un enemigo persistente. ¿Relaciones tóxicas? No son pocas las que tienen atrapadas con sus raíces a muchas parejas.

El pilar maestro y el pilar de apoyo

Para solucionar cualquier conflicto o discusión en la pareja tendremos siempre en cuenta estos dos pilares.

El pilar maestro: Percepción, predisposición y condicionamiento.

Cuando nos relacionamos con nuestra pareja o cualquier otro ser social que haya tenido el honor de cruzarse con nosotros/as, la interpretación que hagamos de los distintos sucesos o actuaciones que ocurran está condicionada a nuestra percepción de la realidad.

Por ejemplo: Si tu pareja acaba de recriminarte algo que cree que no estás haciendo bien, y además es algo que ya te ha dicho varias veces y de lo que estás más que harto/a, esa sensación de ansiedad que puedes sentir influye en tu forma de percibirla a ella y por supuesto en tu forma de responder.

Este pilar maestro lo tomaremos como base de cara a gestionar de una forma eficiente nuestras emociones ante los conflictos de pareja.

El pilar de apoyo: Empatía, asertividad, coraje, humor y sexo.

A lo que hemos llamado pilar de apoyo incluye nuestras habilidades comunicativas para negociar el conflicto hacia nuestros intereses.

Poco importa que te den la razón si eso no te lleva a conseguir lo que quieres. Muchas veces nos perdemos en las palabras y no alcanzamos a ver el fondo. Queremos que nos reconozcan y nos digan, “sí, es cierto, tienes razón”. Pero eso sirve de poca cosa si la otra persona no siente un cambio emocional.

Mucho mejor es centrarnos en la meta que queremos conseguir y provocar cambios emocionales que hagan que suceda lo que queremos. Romper las barreras de lo racional.

Veamos un ejemplo en el que somos el chico. Durante el día hemos tenido una pequeña discusión con nuestra pareja, y ahora que llega la noche queremos algo de sexo para finalizar el día. Por desgracia ella no está muy por la labor, pues su cabreo anterior la está condicionando. Se siente con el orgullo atacado y no está dispuesta a ser cariñosa con nosotros.

Ella: No quiero besos, no me apetecen.
Él: ¿Aún estas disgustada por lo de esta tarde? No ha sido para tanto, deberías animarte un poco.
Ella: Es posible, pero ahora mismo no estoy de humor.

El chico, lejos de persuadirla, la ataca ridiculizando su forma de actuar (¿Aún estás disgustada? Pues sí que eres tonta). Además, en ese estado de humor lo que menos nos gusta es que nos digan lo que deberíamos o no deberíamos hacer. A fin de cuentas, no provocamos un cambio emocional, y por tanto, sigue sin estar de humor y acabaremos o bien discutiendo otra vez y cabreándonos más, o pasando del asunto. En cualquier caso sin sexo.

Veamos ahora un segundo ejemplo:

Ella: No quiero besos, no me apetecen.
Él: Pedirle a mis labios que estén quietecitos con lo bonita que estás aquí leyendo en la cama es algo que va a ofenderles mucho. ¡No serás capaz de hacer semejante sacrilegio!
Ella: Ofender me has ofendido tú a mí esta tarde.
Él: Lo siento, esta tarde no he reaccionado como debería. Ya he tomado nota y tomaré medidas. Ahora lo que quiero es disfrutar de este momento contigo. De nada serviría que lo desperdiciara estando cabreado.
Ella: Bueno, después de esa disculpa es posible que medite la proposición de tus labios. Pero que conste que lo hago por ellos, no por ti.

En este segundo ejemplo reaccionamos positivamente ante su negativa, no dejamos que nos influya y mantenemos en todo momento el buen ánimo. Bromeamos un poco para que su estado emocional mejore. No obstante la objeción de la tarde no está resuelta, por lo que manteniendo el buen ánimo, pedimos disculpas, hacemos ver que “hemos tomado nota”, y persuadimos cuando le decimos que queremos disfrutar el momento y no pasarlo cabreados, pero lo hacemos siempre desde la perspectiva del yo. Podríamos haberle dicho: De nada serviría que lo desperdiciaras estando cabreada, pero así la estaríamos atacando. En lugar de eso decimos: De nada serviría que lo desperdiciara (yo) estando cabreado. También se podría haber usado la perspectiva del nosotros: De nada serviría que lo desperdiciáramos estando cabreados.

Al final en este ejemplo estamos:

  • Siendo empáticos: Hacemos ver a la otra persona que la entendemos.
  • Somos asertivos: Comunicamos sin atacarla pero firmes hacia nuestros intereses.
  • Coraje: Vamos a por lo que queremos, no perdemos de vista el objetivo.
  • Humor: Nos valemos de este recurso para mejorar el estado emocional de la otra persona.
  • Sexo: La distraemos hacia algo placentero. “Disfruta el momento”.

6 consejos importantes

Veamos ahora 6 consejos para evitar discusiones y malos momentos en pareja, sin dejar de solucionar los posibles conflictos que vayan presentándose a la vez que mejoramos la relación.

1. Cómo elegir bien el momento

En temas de pareja solemos tener una costumbre muy dañina, y es guardarnos lo que no nos gusta de la otra persona en los momentos buenos, y soltarlo en los malos.

Esto tiene unas consecuencias nefastas, ya que no tenemos bastante con que pasemos por un mal momento, que muchas veces son tonterías, sino que además sacamos toda la porquería que teníamos guardada a relucir.

Si algo no te gusta de tu pareja y quieres intentar convencerla para que cambie, lo peor que puedes hacer es decírselo en un discusión pues en ese momento está a la defensiva y se va a tomar como ataque cualquier cosa que le digas, y cuando atacamos provocamos una defensa.

Los problemas es mejor atajarlos uno a uno en momentos de serenidad, es decir, cuando todo está bien. Si estáis disfrutando de un precioso día juntos, de pasada, con un poco de humor y sin darle demasiada importancia puedes dejarle caer cosas que te gustaría que cambiara. De esta forma la pillas de buen humor y dispuesta a escucharte y a corregir lo que le digas con tal de seguir así de bien.

2. El beneficio es para ambos

La persuasión es el arte de enfocarse en la parte positiva de las cosas. Ante cualquier discusión busca siempre soluciones y propuestas beneficiosas para los dos, cuyo objetivo es el mantener una relación de pareja lo más sana, divertida y pasional posible.

Por cierto, evita echar cosas en cara o sacar a relucir cosas que se han dicho anteriormente y que se dicen llenas de resentimiento. “No decías que te estaba agobiando…”. No hay nada que pueda sentar peor en comunicación. Desde mi punto de vista, prefiero que me insulten y me escupan a la cara, con eso lo digo todo.

3. Anticípate y actúa con inteligencia

Una relación de pareja no es estar siempre saltando por el monte rodeado de rosas y con un sol maravilloso. En ella influyen tanto aspectos externos como internos.

Si, por ejemplo, nuestra pareja está saturada de trabajo en un momento dado y no está demasiado pendiente de nosotros, si empezamos a recriminárselo demasiado es posible que la agobiemos y le generemos estrés. Añadimos emociones negativas a la relación.

¿Cómo gestionaríamos una situación así? Como hemos visto en el punto anterior, buscando un buen momento juntos, comentándole de buen humor nuestra preocupación, de forma que hacemos consciente a la otra persona. Quizá solo sea un momento puntual en el que está saturado de trabajo. No merece la pena hacer una montaña de problemas de algo pasajero. Y ejemplos como este pueden haber miles.

De igual modo quiero mencionar que las personas pasamos por momentos emocionales muy variados. Hay momentos en los que queremos pasar horas y horas con nuestra pareja, y otros en los que no nos apetece tanto verla. No significa que la relación tenga un problema, estas fluctuaciones son normales, los problemas vienen de no entenderlas y generar conflictos a partir de ellas.

5. Vigila las palabras

Las palabras tienen un peso en la psicología de cada persona, por lo que hay algunas que deberíamos procurar evitar. Una de ellas es la palabra “agobio”. Pocas cosas sientan peor a nuestra pareja que decirle que nos está agobiando. Decir “me siento un poco agobiado” genera una repercusión mucho más negativa que decir “ahora mismo necesito un poco más de espacio”. En la primera damos por hecho que la culpa es suya, que nos está agobiando, y en la segunda no.

6. Olvídate de los chats

Discutir por WhatsApp es lo más idiota del mundo. Digo WhatsApp pero puedo decir cualquier chat. Sin el lenguaje no verbal dependemos únicamente de las palabras.

¿Dónde está el problema? En que las personas interpretamos las palabras escritas según nuestro estado de humor. Un simple “hola” puede ser dicho con una sonrisa, y puede ser dicho enfadado y de morros. En un estado de humor de discusión, cualquier cosa que digas puede ser interpretada como atacante o malhumorada, lo que llevaría a un empeoramiento de la situación.

Lo mejor es solucionar los conflictos en persona, pues cuentas con todos los recursos disponibles, no obstante si esto no es posible en un plazo de tiempo muy corto, lo sustituiremos por una llamada. Hablando por teléfono contamos con nuestra voz y una conversación mucho más fluida. Si decimos algo en tono de broma se nota que se está bromeando y podemos usar el humor y el buen ánimo para mejorar el estado emocional. En cambio por chats solo contamos con los emoticonos, que son útiles, pero insuficientes, y pueden ser también malinterpretados.

 

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