No dejaré que nadie me meta en una prisión.
Respirar es mi única vocación,
tu cuerpo no inspira mi perdón
si el amor no se acompaña con la razón.

Tú no me amas, me quieres en una celda.
Querer que sea tuyo no es amor,
es una forma de posesión. Una necesidad.
Una necesidad de inconscientes, pues
el consciente sabe que la muerte acecha,
y cuando abandone finalmente mi cuerpo prestado,
y vuelva a convertirse en el polvo del que vino,
nada importará ya.

No me importa si miraste a aquél rubio Alemán de ojos azules,
ni las veces que follaste con tu ex,
ni los versos que pensaste en escribir a alguien que no era yo,
ni el beso que quizás te diste a escondidas, o quizás no.

Nunca lo sabré. Nunca sabré si algo de eso existió.
Solo sé que estás a mi lado y que te amo.

Dejaré el preocupar a los idiotas, a los que lloran,
y a los que deciden vivir en continua batalla.

Mi paz soy yo, y la comparto contigo,
con esos besos que saben a historia, historia
de la que yo siempre formaré parte.

Así que si dices que me amas, no me alejes.
Ámame de verdad, porque poseer a otro no es amar,
tan solo es despreciarse a uno mismo.
Sí, te desprecias, porque eres maravillosa
incluso sin tener nada a tu nombre,
y por eso, cada vez que me quieres controlar
y perseguir, te desprecias.
Desprecias lo que te hace única
y feliz sin necesitar mi compañía

Y yo te amo,
así que por favor, no te desprecies.

Ámate libre.

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