Relatos de seducción: la seductora

De nuevo os traigo en relatos de seducción este nuevo relato extraído de las profundidades de mi memoria de una de mis noches de farra. Al ajo!

Percibo la presencia de una chica morena, de rostro angelical y lo suficientemente joven y adulta como para aguantar el ritmo de juego que me apetece en este momento. Tiene pinta de seductora. El brillo sexual que me inspiran sus ojos verdes me arrastra hacia una espiral de insinuaciones sexuales que difícilmente voy a poder contener. Por lo que es hacer contacto visual con ella y no dudo ni un instante en hacer mi poco inspirada frase de entrada.

—Insinúo que en cuanto termines de quitarte esa chaqueta me va a encantar cómo te queda el vestidito que llevas debajo —Le digo con una sonrisa golfa justo en el momento en que hace el gesto de quitarse el abrigo.

—No es un vestido lo que llevo debajo, es una camiseta —Se muestra agradable pero al mismo tiempo un poco fría. Deduzco sin equivocarme que no ha sido mi mejor frase de entrada.

—Tienes toda la razón del mundo. ¿Te gusta el ajedrez? —Ante semejante pregunta ausente de sentido no puede evitar sonreír—. Considero que esos pantalones que llevas, que por cierto quedan muy muy bien, son perfectos para esa clase de juego

—Sí, bueno, aunque yo no soy muy buena jugando al ajedrez —Me contesta riéndose ante mi insinuación.

—No te voy a mentir. El ajedrez tampoco es mi juego favorito.

—Ahhh y… ¿Qué clase de juego te gusta?

—Principalmente aquellos que transcurren dentro del dormitorio —Su cara empieza a dibujar una mezcla infinita de asombro, risas y encanto natural.

—Veo que eres un chico bastante directo —Esta frase podría incitarme a picar en su anzuelo y comenzar a hablar sobre mí mismo. ¿Pero que le importa una chica que me conoce de un par de minutos cómo coño soy? Prefiero que ella lo descubra por sí misma. Ya llegarán momentos en lo que tenga que cualificarme y hablarle de cómo soy y veo la vida. El juego ha comenzado y no pienso pararme ante una vieja sexual de STOP.

—Estamos de acuerdo en que la culpa es sólo tuya. Tu mirada no para de comunicarme sexo a los cuatro vientos. Yo aquí sólo soy intérprete y víctima…

—Pero si has sido tú el que ha venido a hablar conmigo —Me dice mientras se esfuerza por contener la risa

—Claro, si me miras y te quitas la chaqueta insinuantemente ante mis ojos, ¿Qué quieres? ¿Que deje a ese cuerpecito espléndido que tienes sin mi agradable compañía? Eso sí que de ninguna manera —Me encanta verla sonreír y disfrutar de esta conversación. Su cara empieza a reflejar un asombro cada vez mayor. La creatividad de mi comunicación y mis continuas insinuaciones sexuales la atrapan a querer más y más de mi.

—¡Oye!, que yo soy buena chica —Su rostro cambia para mostrarse ahora más coqueta y enternecedora. Empiezan a caer las migas de pan que me guían en mi próximo paso. Ya he sexualizado demasiado, ahora debo relajar mi conversación o acabaré lamentándolo si por un casual del destino empezara a sentirse como un objeto sexual.

—Anda… si en el fondo eres una princesita

—Hombre… tú que te has creído —Me dice riéndose

Aquí era el momento perfecto para que ningún amigo me interumpiera. Pero como no estamos solos en este mundo, y la brisa nos mueve de local en local, Ángel me comunica que si no nos vamos ya, se nos pasaría la hora de entrada a una discoteca si no queríamos pagar por disfrutar de su estancia.

—Tengo que irme. Pero estoy disfrutando mucho contigo María —si ya sé que en mis artículos todas se llaman María. Es herencia, mi padre llama a todas las mujeres María y yo pues igual— ¿Qué te parece si os venís con nosotros y seguimos hablando? O vente tú conmigo—Esta pregunta la hago para quedar bien. Uno de sus amigos lleva una copa a rebosar y obviamente no se van a mover de ahí todavía. La cuestión es que con el tiempo apretándome el culo, la mejor opción de obtener su teléfono es proponiéndole que se venga conmigo para que me rechace, y a cambio me ofrezca el teléfono. Una negociación en toda regla. Y claro ella, cómo no, pica.

—No puedo, acabamos de llegar aquí y estos han pedido ya ¡Apúntate mi teléfono! —Me apunto su teléfono. Me apunto también una cobra al despedirme. Y salimos del local…

En cuestión de una hora, recibo un WhatsApp en mi móvil.

—¡Estamos aquí!

 

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