Como siempre. Cuando algo nos atrae es inevitable. Miedo, temblores. Pensamientos inseguros luchando entre si por hacerse un hueco. Pero no. No dejo que me detengan. Disfruto andando en firme.

Quizá para que no se me noten los nervios, mientras siento que el suelo vibra ante mis pasos.



—¡¡Hola!! ¿Qué tal? —me pregunta regalando una sonrisa.

—Hola… Pufff, me he pasado más de media hora buscando aparcamiento. Sigo empeñado en que deberían inventar coches como los de Son Goku.

—jajaja, si es que a estas horas qué esperabas

—¡Oye! ¿Te has puesto muy guapa no? —insinúo cogiéndola de las manos como si fuese a sacarla a bailar. La contemplo mientras sonríe—. Me gusta…. me gusta a mí este look tan sexy.

—jajaja, ya, hoy me apetecía salir un poco más insinuante

—Tienes buen gusto para sacarte partido. Como a mi me gusta. Bueno, ¿nos movemos?



Buen rollo y risas compartidas en los primeros instantes avecinan una cita que sin duda podrá ser digna de recuerdo. Por el camino empezamos a flirtear, metiéndonos un poquito el uno con el otro, jugando de forma graciosa y bromeando.

Finalmente nos sentamos en una amplia terraza. Un sitio tranquilo, aunque para mi gusto, demasiado público. Una vez sentados y ya con los nervios más templados, empezamos a hablar de todo un poco.

—Antes me pensaba mucho las cosas, pero ahora me he vuelto una persona mucho más despreocupada. Me gusta dejarme llevar y que pase lo que tenga que pasar…

—Te estoy escuchando y yo soy todo lo contrario, siempre acabo dándole mil vueltas a las cosas.

—Bueno, así nos complementamos, ¿no?. El problema sería que los dos fuésemos unos despreocupados… así siempre se nos olvidaría el cepillo de dientes en los viajes.

—jajaja, si bueno, la verdad es que en eso tienes razón —contesta con una sonrisa coqueta que hace que quiera comérmela enterita.

—Me encanta tu actitud tan risueña. Ven aquí que te has ganado un beso en la mejilla y un abrazo. Hoy me siento generoso —le digo guasón mientras me acerco.

Siento su rostro contra mis labios y su olor comienza a penetrarme. Dulce, al igual que ella. No pierdo la oportunidad de sentir su tacto. Quién sabe si al final acabamos olvidándonos de ese cepillo de dientes en algún hotel. Olvidos de felices despreocupados. No los hay mejores.

—Esta noche está siendo muy divertida, conforme te voy conociendo me vas gustando más —le digo con una sonrisa confiada.

—Yo también lo estoy pasando genial.

—Entre lo bien que nos estamos cayendo, y lo sexy que has venido… te besaría por todas partes aquí mismo, delante de todo el mundo

—jajaja, ¿con las viejas esas detrás como espectadoras?

—Por supuesto, así seguro que llegan calentitas a casa y le dan una alegría al marido.

Tras un poquito de humor negro, seguimos hablando, pero esta vez sobre sexo. Tengo claro que sacar este tema ahora me facilitará el camino para marchar danzando hacia un lugar más íntimo y acolchado.

Sin embargo, mi plan se hace añicos cuando me comunica que tiene que volver pronto a casa. Algo que no sería un problema, siempre que fuese a casa de sus padres. Pero así es la vida. Su edad hace que me crea que todavía tiene horario de vuelta a casa. Decido acompañarla y disfrutar un poco más de ella.

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—Vivo ahí delante, en aquel portal —en ese momento la detengo arrinconándola en un portal anterior.

Nuestros cuerpos comienzan a vibrar al unísono. Siento sus pechos chocar contra mi pecho y su mirada me mira ahora algo desconcertada. Desconcertada, pero excitada. Caminando en el borde de mis deseos.

—Me voy a quedar con las ganas de sentirte mucho más cerca de mi —susurro en su oído con suavidad.

La provoco. Pero no de forma invasiva. No intentando convencerla. Es solo un juego. Un juego para el deleite de nuestro sentir. Como degustando un sabroso plato que sabes que no vas a tener. Disfrutando juntos de nuestra pequeña señal de stop.

—La próxima vez tendrás que venir antes.

—Toma nota, y créeme que cumplo mis anotaciones.

La miro fijamente. Sintiendo el deseo contenido mientras la acaricio firmemente de abajo a arriba desde sus muslos hasta la cintura con mis manos para acabar posándolas tiernamente sobre su rostro.

Noto como su pelvis tiembla…

—Vamos, sino Papa y Mama nos van a castigar.

En ese momento me separo bruscamente de ella y la cojo de la mano para llevarla a casa. En el resplandor de sus ojos siento esa mirada que tan poderoso me hace sentir.

Esa que te dice: «te odio, me encantas, eres un cabrón. Me pones. Sigue jugando conmigo». Resplandores de ese ahora te enciendo, y ahora te dejo con las ganas.

Finalmente llegamos al portal de su casa. Y esta vez, juegos aparte, nos despedimos con cariño y ternura. Con la promesa de volver a vernos pronto. Sin duda, es una de esas chicas que puede acabar poniendo llave a mi corazoncito. Pero hoy no…

Brrii Briii (WhatsApp)

—Sí, hemos salido. Vente que vamos de camino a Glamour —me avisa mi amigo Antonio por WhatsApp.

¡La noche no ha acabado!

Tras encontrarme con mis amigos, ponemos dirección a una pequeña discoteca del pueblo. Esa donde casi todo el mundo se conoce, y donde a casi todo el mundo conocemos.

Después de una hora de risas y de disfrutar de la amistad de amigos y conocidos, el garito se dispone a cerrar sus puertas. 4:00 de la mañana…

A la salida, nos juntamos con dos amigas que nos tienen una propuesta preparada. Las llamaremos Zipa y Zapa. A Zipa ya la conocía y había estado bromeando con ella durante la noche.

—Bueno a David no lo conoces, David ella es Zapa —me dice al salir del pub dispuesta a presentarnos.

Yo no le hago mucho caso y voy a la mía.

—Abrazarme las dos que tengo mucho mucho frío —las agarro a las dos y nos disponemos a andar, pero se paran esperando a un amigo.

Y allí nos quedamos los tres agarrados como pasmarotes. Esperando.

—David, ¿hoy no me lo vas a decir? Eso que tú me dices siempre.

—No se a que te refieres, ¿qué te digo yo siempre? —respondo a mi Zipa con tono burlón.
Zapa se limitaba a mantener el abrazo con una carita un poco tímida.

¡Y yo tan feliz!

—Coño, ¿tú no me dices siempre que huelo muy bien?

—Ahhhhhh, buenoooo, pero eso se lo digo a todas —espeto con un tono golfo y pillo a partes iguales que nos hace reír a los tres.

—Anda y que te den —me dice mi amiga jugando y se va a buscar que todavía no ha llegado.
Yo sigo abrazado a Zapa.

—Tú también hueles muy bien Zapa, ¿lo sabías?

—Anda ya, pero si acabas de decir que eso se lo dices a todas

—Ya, pero hueles muy bien —insisto mientras caemos de nuevo en las garras de la risa.

—Que golfo estás hecho….

—Es muy pronto aún, vamos a casa de Zapa a tomarnos unos cubatas —propone mi amiga Zipa cuando vuelve.

—Pufff, yo me creo que me voy a ir a casa ya…

—Vamos, no seas aguafiestas David —replica Zapa.

—Lo siento nueva amiga, pero me vas a tener que convencer mejor. Vamos a ver, ¿en qué consiste el plan exactamente?

—A ver, en mí casa tengo ron, ginebra… —dice con gesto burlón como explicándome la obviedad de la situación.

Como si no supiera lo bien que se lo pasa uno tomando unas copas en un intento comunicativo de prologar la fiesta.

—No me termina de convencer… no se qué podríais hacerme —le digo dándomelas de inocente.
Insinuando que algo podría pasar, y que en ese caso, yo sería el pobrecito damnificado.

Pero como no podía ser de otra manera, acabo dejándome convencer. Así que llegamos a su casa. Un amigo, mi amiga Zipa y mi nueva amiga Zapa. Con la buena o mala fortuna, según se mire, de que una vez dentro mi amigo Antonio decide poner la típica canción de estriptis en su móvil.

¡Muy inteligente por su parte!

—Eiiii, podríamos hacer un estriptis —saltan ellas diciendo enseguida.

—Por mi encantado, a ver que coja una buena posición… vale, cuando queráis.

Me sitio en el centro del sofá con cara de pervertido vicioso que no tiene ni la más mínima intención de moverse de su acomodado emplazamiento.

—Ehhh, pero después os toca a vosotros ehhh.

—Claro, claro, luego nosotros. Venga empezad.

Entre muchas risas, se van como a cambiar para ponerse sexys para el estriptis.

—Al final no hacemos stripties, que nos da mucha vergüenza.

—Yo necesito mucho más alcohol para eso.

—Ni se os ocurra rajaros —les digo en un tono de advertencia—. Vale, no os preocupéis, bebed.

Empezamos nosotros.

Aquí a echarle morro al asunto. Si hace falta empezar nosotros empezamos nosotros, pero los estriptis siempre suelen acabar bien. Mi amigo se encarga de hacerle el estriptis a nuestra amiga Zipa. Yo me encargo de la otra chica que he conocido esa noche. Y tras un estriptis de mierda mezclando el cachondeo con la sensualidad, más cachondeo que sensualidad, les toca a ellas.

—¿Se puede tocar no? —pregunto yo como dando por hecho que si se podía.

—Ni se te ocurra, tu manitas fuera —contesta la Zapa (si, la amiga de mi amiga jaja).

—Vamos a hacer las cosas serias, a si no me vas a poner nada. No sé, enseña algún pecho o algo, yo he enseñado más —le digo en tono de humor.

No paraba de reírse, se le notaba muy cortada. Algo obvio, en principio porque apenas nos conocíamos y habíamos hablado muy poco.

—Dios yo es que contigo no puedo… —responde ella conteniendo la vergüenza.

Terminado su estriptis, mi amiga intentó hacerme otro, por llego a la misma conclusión. También le daba vergüenza. Probablemente por la forma en que las miraba y sonreía tomándomelo todo a guasa.

Hubo un momento de pausa y cachondeo en el que la cosa empezaba a cambiar de rumbo, lo cual no me gustaba ni un pelo. Había que volver a tirar de los estriptis y esta vez si, dar una dirección más sexual.
¡Con todo el morro!

—Bueno ahora voy a haceros yo uno a las dos a la vez.

—jajaja, venga —se animan ellas ante mi propuesta.

Empiezo a hacer el estriptis, primero poniéndome encima de Zipa y tapándole los ojos. Mientras, Antonio se levanta para hacer el relevo, y yo me paso a hacerle el estriptis a Zapa, la única de las dos con la que podían acabar saltando chispas.

En seguida se dan cuenta de que no hay soneto alguno y de que los dos estamos en el ajo. Me apresuro entonces a coger un hielo para dar una dirección más clara. Me lo situó en la boca y empiezo a pasarlo suavemente por su cuello y la parte superior de sus pechos. Haciéndolo lo más sensual posible, oliéndola y percatándome de que sintiera mi respiración acelerada.

Aprovecho unas risas, esta vez más sexuales, para dejar el hielo de nuevo en el cubo. Sigo con mi boca, besándola y pasando mi lengua levemente por los rastros que había dejado el hielo, hasta acabar cayendo en picado sobre sus labios.

Al final de estriptis no hubo nada de nada. Fueron unos bailes más tristes que sexys, pero al final lo importante es que lo pasáramos bien y que probablemente acabara surgiendo algún lío. ¡Y vaya si hubo lío! Pero esa parte, mejor reservarla para un relato erótico.

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