Ando perdido por las calles de Logroño. Otra de tantas veces que acabo justo como quería estar: «en lucha conmigo mismo y dejando a la manada comunicando». Mis amigos se han esfumado como guiados por las faldas. Pero para mi esta noche solo existe una chica.

—Eiiiiii, ¿a dónde vas? —gritan con poca sutileza unas voces femeninas.

Miro hacia unos garajes que hay en medio de esa larga carretera peatonal y veo al grupo de chicas con el que había pasado gran parte de mi noche. Pero ella, a la que yo deseo chupar de izquierda a derecha y de arriba abajo, a la que deseo oler como el filósofo que se bebe una botella de absenta, no las acompaña.
¡Mierda!

—Veo que habéis encontrado un elegante espacio donde hacer vuestras necesidades femeninas —bromeo tras ver que acababan de terminar de mear en esas cocheras.
—Si, ¡que remedio! Ya has visto como estaba el pub.
—Lo he visto y lo he sufrido. La cola para mear era como la del paro pero con la gente encogiendo las piernas —ellas ríen airadamente—. Todo un espectáculo para ver, más de uno acaba apuntándose a dar saltos con pértiga.
—¡Sin duda! Pero bueno, nosotras ya hasta un rato quedamos saciadas —contesta una de ellas entre risitas—. Por cierto, no nos has contestado, ¿a dónde vas?
—Pues iba a buscar a mis amigos. Después de vuestro vil secuestro y de que vuestra amiga tomara como afición rechazar mis avances una y otra vez, los he perdido de vista. Por suerte ya solo queda una morada a la que ir, una discoteca a la que muy amablemente me llevará el gps don Google.
—Si, ¡sabemos cuál es! Vamos a ir a buscar al resto y salimos para allá. Vente y vamos todos juntos —me proponen.

Me lo pienso unos instantes, pues esa morena a la que ellas llaman amiga me ha dejado un tanto alelado, gilipollas y un poco Hank Moody. No paro de pensar en quitarle ese vestido negro de encaje con vuelo que tan bien estiliza su delgada línea. Sin pensar si quiera en la más mínima consecuencia. Morder esa culito redondito al desnudo debe ser como hacer un tour por el jardín del Edén.

—De acuerdo, mejor mal acompañado que solo —murmuro.
Siempre me ha gustado lanzar este tipo de “púas” para entretenerme y jugar un poco más con ellas. A todos nos gusta que nos toquen un poco las narices si es para divertirse.
—¡Anda ya! Si estás encantado con nosotras, ven aquí —me dice Sonia con un tono animado mientras me coge de la mano y me da un empujón.
Me gusta Sonia, no me pierde como María pero es divertida. Diría que más joven y alocada. Es de esas chicas a las que casi no les corta nada, mientras que María es de las que analizan mucho más las repercusiones. Juntas harían un buen coctel molotov en mi cama.


 

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Tanto Sonia como su otra amiga siguen bromeando conmigo hasta que llegamos a donde todo empezó. Ese pub donde me he sentido tan seductor como rechazado. Una sensación con la que todo el que sabe seducir con cierta paciencia debe estar familiarizado. Por un lado sientes poder, y por el otro la vulnerabilidad y el deseo de no tener la situación bajo control y no saber que va a pasar. ¡Me encanta sentirme así! Y allí me espera ella en la puerta junto al resto de amigas. ¡Mi María! Un poco más seria que de costumbre, pero sin perder esos rasgos dulces y ligeramente redondeados que forman su rostro.

Como una noche de verano llena confidencias, al cabo de unos minutos me veo caminar junto a ella camino de la discoteca. ¡Dios qué preciosa es! Pese a sacarme algunos años, supongo que tendrá por los 30, y pese a ir elegantemente vestida, su rostro ilumina juventud.

—¿Por qué decidiste ser profesora? —pregunto.
—No lo sé, supongo que era una carrera sencilla en la que podía encontrar un buen trabajo. Cuando lo decidí no lo tenía muy claro —expone mientras se ría ocultando una pequeña vergüenza.
—Bueno, pero ahora se nota que te encanta —afirmo lanzándole una sonrisa de hombre cautivado.
—¿Cómo estás tan seguro?
—Lo veo en tus preciosos ojos azules. Ellos son mi bola mágica de adivinación —le digo con con sutil grado de rimbombancia en mi voz.

Amos nos reímos pero a la vez sentimos que nos conectamos el uno al otro. ¿Cómo me sentiría con mi polla en sus tetas ahora mismo mientras me mira de esa forma? Puffff, ¡aparto de mi cabeza ese pensamiento!

—Cuando alguien trabaja en algo que le encanta se nota. —le digo exponiendo mis argumentos—. Tan solo tienes que empezar a hablar de su profesión, y ya empiezas a ver un nuevo brillo diferente en los ojos.
—¿Te das cuenta de cuántas cosas te inventas? ¡Eres un cautivador nato! —espeta ella riéndose con un sonrisa complaciente.
No me lo dice recriminándomelo, sino fascinada. Atraída y embelesada. Como un destello acusador cargado de romanticismo.
—Yo tengo capacidad de inventiva pero tú la estás inspirando María —susurro dejando un silencio final que nos pone más nerviosos—. No se quién de los dos es más culpable —vuelvo a susurrar, esta vez agarrándola de la cintura.

Veo que se siente cómoda, y yo por supuesto, me siento más que cómodo. Noto lo perfilada que es su cintura a través de la suavidad del encaje que me invita a tocar su piel. Es difícil contenerse a no imaginar lo que sería fundirse con su cuerpo desnudo. Agarrar su cintura y dejar que me folle con sus tetas torpedeando mis deseos mientras mis manos las sujetan. Mirar esos ojos azules que me desconectan del espacio tiempo.

Una vez llegamos a la discoteca, seguimos hablando mientras nuestra miradas crean fuego a lanzallamas entre los dos. Sin embargo, mis intentos de besarla han sido en vano. Es evidente que debe tener pareja. Quizá solo busque sentirse deseada porque su pareja ya no le provoque ese sentimiento de lujuria que tanto echamos de menos muchas veces.

Una vez dentro de la discoteca, las amigas deciden ir al aseo en comandita, excepto María, que deniega la invitación para seguir hablando conmigo.
—¿Han entrado ya al aseo? —pregunta mirándome mientras veo como a su espalda sus amigas quedan fuera de combate espía.
—Si —espeto algo confundido.
Ella se aproxima a mi incendiando todos mis sentidos con un beso fuerte. ¡Más que fuerte! Su lengua camina lujuriosa chocando contra la mía. Más que tenso de repente me siento como un surfista que acaba de salvar su vida tras librarse de una ola gigantesca. La agarro de ese culito durito y respingón que tanto tiempo llevaba deseando tocar. Lo aprieto con fuerza. Con la misma tensión que me posee.

—Dios, cuanto tiempo llevaba deseando tocarte. Sentirte mía. Para mi, toda para mi —le susurro al oído mientras pego su cuerpo contra el mío.
—Tranquilo, a ver si te va a subir la tensión —susurra especialmente sexual y cariñosa al mismo tiempo.
—La tensión ya le llevo subida toda la noche, aunque siempre estamos a tiempo de subirla más —expongo mientas veo en su sonrisa un gesto de querer más.

Le doy la vuelta y apoyo su culito contra mi polla que no puede estar más firme, y empiezo a susurrarle todo lo que me apetece hacer con ella.

—Ahora mismo me encantaría perderme en tus piernas —acaricio la parte alta de sus piernas mientras lo digo acabando mi caricia en su culo—. Beso, tras beso, tras beso, te quitaría este vestido para dejar volar mis sentidos con tu cuerpo —me callo un instante y sigo susurrando—. Desnudo, totalmente expuesto ante mi. Dispuesto a volar conmigo.

La siento tan cerca que noto que tiembla sobre mi. Siento cada vibración. Ella no responde con palabras, responde con un beso girando su rostro hacia mi. Deposito mis mano por la parte delantera de sus muslos casi rozando su sexo. Ella intenta estabilizarse de nuevo. Muy sulfurada, busca encontrar fuerzas para contenerse. Me dice que sus amigas no pueden verla así.

Mi respuesta es agarrarla de la mano y sacarla fuera de la discoteca conmigo.

—Vente conmigo, te deseo, y es evidente que tú también me deseas. Tengo una habitación de hotel aquí cerca y lo único que quiere es perderme en cada centímetro de ti.
—No puedo, mis amigas no pueden enterarse y tardaríamos demasiado —me dice mientras veo como empieza a buscar algo con la mirada—.

Los dos nos quedamos mirándonos a los ojos. Pensativos. Buscando un camino que nos lleve a sentirnos dentro el uno del otro. Una camino que nos haga liberar lo que sentimos.

—¡Ven! —me dice cogiéndome de la mano.

Nos metemos por una callejón y encontramos un hueco que no da vistas a ninguna zona de paso. Como loca comienza a besarme mientras acaricia mi polla suavemente. Me transmite cariño y elegancia incluso agarrando mi parte más preciada.

—Quiero que me folles aquí David. Quiero que me hagas sentir tuya —susurra perdiendo toda la conciencia. Ahora y sin nada en que pensar que nos retenga.

Obedeciendo a sus demandas hago lo que tanto tiempo lleva queriendo hacer. Entre besos y caricias por todos nuestro cuerpos, comienzo a subir su vestido, bajo sus braguita negras y dejo libre su culo. Empinado por el efecto de los tacones su culo me llama a entrar. Lo agarro y ella me muerde en el brazo mientras me mira.

En un instante comienzo a notar su coño caliente y húmedo abrazándose a mi polla. Me aprieta. Sus gestos me dice que le duele pero que no pare. Yo sigo sus directrices porque no puedo parar. Despacio, degustando cada tacto. Conteniendo aún más el deseo ya contenido con las horas. Sin poder evitar cerrar los ojos, el mundo desaparece como quién lo tiene en sus manos y de repente se le escapa. De improviso caigo en las redes de un oscuro y profundo placer. Efecto meditativo que es su cuerpo para mi.

—¿Te acuerdas ahora de cuantas veces he querido besarte y me has dicho que no? —susurro en su oído al unísono de sus gemidos.
—Si, lo recuerdo, pero ahora solo quiero que me la metas. Que disfrutes de mi. Mírame a los ojos —me dice—. Te lo has ganado, disfrútame por favor.

Prosigo con mis embestidas. Una tras otra cada vez más fuertes y con las emociones a flor de piel mientras nos miramos.
Gime….
y gime….. y gime…
siento como se tambalea
tensa, tensa y tensa
hasta que se corre
en un orgasmo prolongado.

Cuando termina, me acerco a ella a darle un beso en la mejilla. Ella me sonríe.

—¡¡María!! —¡Nos sobresaltamos!
Escuchamos que alguien la llama y el corazón nos da un vuelco. En cuestión de segundos aparece su amiga Sonia pillándonos de improvisto. Todavía el uno dentro del otro. Sin tiempo a reaccionar.

—¡Dios! ¡Lo siento! Siento haberos interrumpido. Es que he estado buscándote por todas partes —dice dirigiéndose a su amiga—. Pero bueno, ya me voy, os pido perdón por haber llegado así.

—No pasa nada Sonia, no te vayas —suspira María en un arrebato juguetón dejándonos a los otros dos presentes completamente perplejos—. ¿No te gustaba David? —pregunta mientras me mira con el gesto del que te hace un regalo.

En ese momento Sonia y yo nos miramos como si hubiésemos visto un ovni extraterrestre pilotado por ET y los siete enanitos dentro montando una bacanal con una muñeca Barbie. Sin embrago, pese a lo raro, la sexualidad con la que María lo propone nos hace excitarnos a los dos y pensar en que tampoco sería tan mala idea. ¿Hay que arrepentirse por vivir? Me pregunto a mi mismo y la respuesta es no.

Me acerco a Sonia y comienzo a besarla y a quitarle los pantalones mientras ella empieza a perder la cabeza por momentos. Sin muchos preámbulos, la cojo y la subo a horcajadas sobre mi. Ella misma se encarga de meterse mi polla dentro. Pufffffff…. sulfuro. Que piel más suave. En mi oído escucho unos gemidos de chiquilla. Salta sobre mi rozando su coño contra mi cuerpo con todas sus fuerzas. Se restriega con tensión.

Como una diosa, apoyada contra la pared, me mira María fijamente mientras a quién follo ahora es a su amiga. De alguna forma entiendo que me mira como si fuese totalmente suyo. Tan suyo, que disfruta compartiéndome. Tan suyo, que disfruta viéndome como disfruto.

Me pierdo en sus ojos,
en su sonrisa traviesa,
escuchando que me desea
sin que me lo diga con palabras.

—¿Te gusta mi amiga? —me pregunta sexy pero sin perder su tono infantil y amoroso.

Yo no contesto. ¡No puedo contestar! Siento que me invado de María mientras a quien follo ahora es a su amiga. Mi mente se queda en blanco, como si cayera más y más profundamente en una oscuridad silenciosa e infinita.

¡Noto mi polla que va a estallar!

Dentro de una chica con la que apenas he bromeado unas cuentas veces. De la que no esperaba nada, más que darle un poco de conversación mientras intentaba cautivar a la que realmente me gustaba. Y esa, esa gatita de cara dulce y cariñosa que parecía distante al principio y que rechazaba una y otra vez, ahora me mira ardiente. Me mira y me mira sin apartar su vista de mi mientras su amiga se corre sobre mi polla con un gemido exaltado.

—Da mucho gusto verte disfrutar señorito —me dice mi morena mientras su amiga intenta recomponerse de su orgasmo.
—Si, no está nada mal —contesta la amiga sonriendo con una cara de timidez que no había visto antes.
—Me alegro de que os guste esta novela erótica que nos hemos montado en un momento los tres —contesto siguiéndoles la guasa.
—Sonia, ve con estas y diles que no me has encontrado pero que te acabo de mandar un WhatsApp y que estoy dentro, que ahora os busco yo a vosotras. Si preguntan por David diles que lo has visto con uno de sus amigos y que yo no estaba con él.

Tras despedirse de nosotros, Sonia se encamina de nuevo hacia el callejón dejándonos totalmente en silencio. Miradas silenciosas en las que no hace falta decir nada. La lujuria se ha adueñado de nosotros junto a unos peligrosos compañeros. Una aceptación y comprensión total del uno al otro que se ha ido despertando durante toda la noche hasta acabar con una escena swinging.

—Me encantas enano —me dice—. Es una pena que esto deba acabar aquí, me hubiese encantado conocerte mucho más. Pero llegados a este punto sabrás que no puedo. Ya estoy comprometida.
—Si, en algún momento lo he sospechado. Sobre todo cuando te has lanzado ha besarme cuando tus amigas se han ido —respondo con un toque de humor que ella prolonga con una suave risa.
—De todas formas, necesito ver cómo te corres en mi boca. —espeta dejándome en sock—. Quiero que desemboques en mi todo el placer que has estado conteniendo. Quiero verte como disfrutas y lo sueltas todo mientras te doy placer.

Sin darme tiempo a asimilar lo que me ha dicho comienzo a sentir su lengua y sus labios recorrer mi polla. Me absorbe con la certeza de que eso nunca se repetirá. De que jamás volverá a verme por mucho que lo desee. La escucho gemir deseosa mientras me la chupa una y otra vez. Puedo contemplar como su cuerpo vibra mientras me mira. Yo de pié y ella de rodillas, me mira gimiendo y vibrando. Transmitiéndome todo su deseo hasta que ya no puedo aguantar más y mi mundo explota.

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SENTIMOS LA PASION

Silencioso es el murmullo en el calor de nuestros cuerpos. Se produce una especie de magia en su roce. Son los momentos de ojos cerrados; explotando el universo en nuestra mente. Jugando sus estrellas a sacarnos unas tontas sonrisas. Queramos nosotros perdernos en esas magias oscuras de la pasión de nuestros sexos. Dejando de lado la deriva de los oprimidos por el odio y la rabia, estallando el uno en el otro. Derritiéndonos en nuestros juegos.

#wearebrave

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