Relatos eróticos: ¡que no nos oigan!

Tu mirada se clava en mí y me atraviesa como la luminosidad del universo. Me dices que no, que no es el momento y que mis padres pueden escucharnos. Pero mis manos se mueven con vida propia y ya han decidido acariciar tu sexo con la misma presión con que nos invaden nuestros deseos.

Tú la apartas, y me vuelves a decir que no con una sonrisa tierna y traviesa. Siento como un escalofrío me recorre la nuca arrasando las fronteras de la contención. No puede resistirme a tus encantos femeninos mientras percibo como tu cuerpo tiembla de deseo.

Su rostro es angelical, cálido y morboso. Me pregunto si el propio Miguel Angel sería capaz de construir tanta belleza en una de sus esculturas… aunque ya nunca lo sabremos. Su falda negra y aterciopelada consigue que mis manos disfruten de la suavidad que acompaña a sus curvas vertiginosamente redondeadas. Creo que voy a perder la cabeza…

Te cojo con fuerza y te subo a horcajadas sobre mí. Tus labios ansían tanto los míos que tus besos se traducen a mordiscos como si quisieran hablar un idioma que desconocen. Agarrada de mi cuello te ríes cuando mis manos acarician tu vagina humedecida.

De nuevo me dices que no, pero esta vez sin el uso de tu lengua. Esa lengua que tanto deseo que se pasee por mi miembro que suspira a gritos liberarse de su encarcelamiento. Mi mente planea un motín para que se escape de esa cárcel de rejas vaqueras. Mi mano derecha vuelve a presionar tu sexo con movimientos fuertes y rápidos. La música empieza a sonar con tus gemidos, pero te regaño para que mis padres no nos escuchen y descubran.

Estás loco, no podemos hacer nada aquí, no quiero que tus padres nos pillen

–No me apetece compartir tus gemidos con nadie. Son música celestial para mí. Pero no te preocupes por eso, yo me encargaré de que consigas contenerlos

–Me estás poniendo malísima, pero no vamos a hacer nada, así que para…

Sus pies vuelven a posarse sobre el suelo, pero su mirada le ha robado el fuego al mismísimo infierno. Me acerco a ella restregando mi erección sobre su cuerpo. Su respiración pisa lentamente el acelerador.

Quiero estar dentro de ti. Quiero ver como tu cara se desdibuja y me muestra la liberación de tu deseo contenido.

–Te odio… ¡cállate ya!

–¿No te gusta que te haga saber lo mucho que me pones? ¿O acaso no lo estás sintiendo?

Pone su mano en mi polla y se frota con ella mientras me mira deseosa soltando un suspiro como un susurro que acaba de salir de su escondite

Puffffff

–Te quiero toda para mí y ver cómo te penetro mientras me suplicas que te folle más y más fuerte.

–Mañana, hoy no.

La tumbo en el sofá de mi habitación y me acuesto encima de ella. Una suma de sensaciones cambiantes arrasan mi cuerpo y necesito sentirme un solo ser dentro de ella. Pido a súplicas al mismo diablo arrancar esa falta y arrojarla lejos de ella. Necesito saborear su sexo con mi lengua y presionar sobre él mientras siento su manos enredadas en mi pelo.

¡Quiero saborearte toda! Empezando por aquí… –Le digo con voz entrecortada por culpa de mi aliento acelerado y presiono en su vagina con mis manos

–¿Así? ¿Justo por ahí? – Me dice con su sonrisa traviesa y juguetona

–Sí, aunque no voy a conformarme con eso. Vas a tener que aguantar el suplicio de mi polla entrando y saliendo de ti mientras nos miramos a los ojos…

Empiezo a moverme sobre ella, golpeando mi erección sobre su sexo con la ropa puesta. Sus manos se apoyan en mi espalda y comienza a gemir ruidosamente. Tiene unos labios carnosos y dulces que aprisiono con mis manos para que no se desate en un escándalo.

No me obligues a amordazarte preciosa -Le digo con un tono provocador y desafiante

Deja de hacer eso o me voy a correr con la ropa puesta

¿Quién te ha dicho que no sean precisamente esas mis intenciones? Ya estoy deseando ver cómo lo haces…

Su mirada empieza a mezclar el deseo y la ternura mientras su excitación se apodera de todo su ser. Mis palabras no hacen más que excitarla más y más. Mi mano se mantiene como fiel censuradora de sus gemidos, hasta que finalmente cierra sus ojos y libera un fuerte suspiro.

¿Te has corrido preciosa?

Sabes muy bien que sí –Me dice enterneciéndome con una sonrisa cariñosa

No me parece demasiado justo que tú te hayas lucrado de mis servicios amorosos para liberarte y que yo me quede aprisionado en mis deseos.

–Haberlo pensado antes muñeco, ya te he dicho que no íbamos a hacer nada aquí.

–¿Estás segura de ello?

Subo su camiseta y empiezo a besar su abdomen mientras la acaricio firmemente con mis manos. No puedo contener mi apetito y empiezan a gobernarme mis sentimientos hacia ella como el más firme de los dictadores. Por un momento creo que hacerle el amor no sería suficiente para mí. La suavidad de su piel y su agradable sabor me cautivan cada vez más y más fuerte.

Déjame entrar dentro de ti, aunque solo sea un poquito. Quiero sentirte. No armaremos ningún escándalo.

–Puffff, no sé yo si fiarme de mi misma -Me dice revelando su gran excitación a pesar de su orgasmo primerizo

 Nos reincorporamos y empezamos a besarnos. Mi excitación me lleva como barco a la  deriva y no espero a que me quite la ropa sino que yo mismo me desprendo de ella. Tras  mirarme a los ojos y dedicarme una sonrisa traviesa, se arrodilla en el sofá y se lleva mi  miembro hacia su boca. Sus labios son carnosos y su lengua danza amablemente por mi  miembro sumergiéndome en un océano de placer.

Contemplo su preciosa carita  mientras me la chupa primero suave y delicadamente y luego más rápida e intensamente. No puedo evitar mover mi cuerpo al son que marca su boca como una  directora de orquesta. La detengo y le doy un beso que sabe a agradecimiento por el placer que ha decidido otorgarme por su cuenta. Su ropa cae al suelo desde mis manos, abro sus piernas y comienzo a penetrarla con insistencia.

No te puedes ni imaginar las ganas que tenía de volver a estar dentro de ti –Le susurro al oído mientras sus ojos se pierden navegantes en el techo de la habitación

–Tranquilo, estoy más que encantada de recibirte

Su cuerpo empieza a bañarse en sudor y mientras la contemplo toda para mi empiezo a palpar uno de sus grandes y bonitos pechos.

Tienes un cuerpo creado para el más puro deseo. No puedo dejar de mirarte, aquí toda para mí. Con tus piernas bien abiertas.

–Soy toda tuya –Me dice mientras me abraza fuertemente y comienza a restregarse fuertemente contra mi cuerpo mientras la embisto

Su segundo orgasmo no tarda en llegar, y decido entonces que es hora de que ella tome el mando, no sin antes saborearla primera en sus dulces labios secundarios que dan nacimiento a sus placeres. Nos sentamos en el sofá y teniéndola encima de mí me siento como un niño en un parque de atracciones contemplando como me folla. Digo folla pero mucho más correcto sería hablar de hacer el amor.

Pongo mis manos sobre sus grandes tetas que apenas pueden sostenerlas enteras mientras sigue moviéndose y gimiendo sobre mí. Está totalmente empapada. Mientras nos miramos llenos de pasión no podemos evitar sonreírnos y reírnos como tontos.

Contemplar tu cuerpo es todo un deleite de la naturaleza. Como me ponen tus tetas pequeña…

–¿¿Ah, sí?? Pues disfrútalo bien, quién sabe cuándo será la próxima vez…

–¿Qué estás pensando en dejarme en barbecho una temporada?

–Sí, aunque dudo que vaya a poder resistirme a tus insinuaciones

–¿Es que no eres lo suficientemente fuerte como para aguantarlas?

–Los hechos hablando por sí solos…

Tras llegar a su tercer orgasmo me pide que me corra y que la mire fijamente mientras lo hago. Yo sencillamente obedezco…

¡Dedicado a chica preciosa!

 

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