Lacado en un negro tan brillante como inmenso
fuiste fabricado por la mejor de las firmas.
Y aunque sé cómo funcionas, en ti me siento
con melodías desafinadas de tocar espantoso.

De ti no sale nada, mi piano. Te sé tocar,
pero no sale nada. No estás afinado.
Y no sale nada. Nada bueno,
a eso me refiero.

A menudo todos buscamos ese mágico
saber hacer de lo bien afinado del piano.
Pero aprender a hacer algo de forma mecánica
es inútil ante un piano que está desafinado.
Ante un piano que frecuentemente hay que afinar,
y que no pocos lo dejan caer podrido.

Desafinados están quienes gritan cuando puedes negociar.
Desafinados están quienes pegan cuando pueden perdonar.
Desafinados están quienes por miedo callan
y nos privan de sus dulces melodías al hablar.
Desafinados están quienes ven a los demás
como una posesión con la que lucir en galas.
Desafinados están quienes, en la mar,
solo piensan en la orilla.

De hecho, puedes aprender hasta hartarte,
que sin conciencia todo sonará desafinado.
Quizá no ante oídos extraños, pero quizá sí
para el oyente que más importa y más escucha:
tu corazón. El que más entiende de amor.

Por eso, cada vez que aprendas algo nuevo,
pregúntate cómo vas a afinarlo en tu piano.
Decide qué teclas quieres hacer sonar y de qué forma,
para que tú seas el responsable de esa melodía
que, irremediablemente, dejarás en este mundo.

#Poemas #DavidJungle

© BRAVE JUNGLE.
En nuestras manos está fortalecer nuestras habilidades para que la queja no sea el recurso recurrido en su inhóspita ausencia. Ante la incertidumbre mejor será prepararse. En ese progreso siempre existe una gran pasión.

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