Entrando al paraíso me doblegas,
sin permiso solicitado me metes en tus mieles,
tu dulce néctar fluvial atraviesa mis sentidos y
me picas a punzadas indiscriminadas por el alma;
atormentándome con cada movimiento.

Yo te dije que era un hombre de buen corazón,
más por gracia que por convencimiento
me reí al escucharlo de mi boca
sacado de los trasfondos de un videoclip
fabricado entre las manos de Maluma.

Pero esto deja en ridículo a cualquier canción
porque no es lo mismo ver la tormenta
que sentirla a catacumbas fluir por dentro.

Y es que nunca fui un fiel seguidor del reggaeton
pero seguí a tu cuerpo en su danza de fuego,
fuego que con mi sexo visitante en ti enciendes.

Que tu culo baile sobre mí, redondo,
¡¡¡síiiii!!!
que desea ser mordido y yo perdido,
¡¡¡siíiii!!!
y adiós a esa llamada que no hice,
adiós a esa chica que no me quiso sonreír.
¡Adiós a ese sueño que jamás realizaré!

Tu cuerpo me hace olvidar mientras
tu boca me succiona en su jurisdicción,
juegan tus labios a matarme a orgasmos.
Mátame ahora o fóllame para siempre.

¡No! ¡No! ¡No!
No me mires así o me voy a consumir.
Me amenazas: tu cuerpo o la vida.
¡Y elegí tu cuerpo!
Porque era lo que me demostraba
sin dudar, sin pensar, sin marchitarme
que vivo estaba y que nada más necesitaba.

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