Libérate de la Ansiedad: 10 consejos para aplicar hoy mismo

La ansiedad es una emoción que experimentamos como un mecanismo de defensa ante situaciones que nuestra mente percibe como peligrosas.  Sin embargo, en nuestra sociedad pese a no estar expuestos a situaciones de peligro, muchas personas padecen ansiedad en mayor o menor grado.

Nuestro objetivo será detectar por qué la generamos y cómo podemos adoptar nuevos hábitos y actitudes que nos permitan vivir con una mayor calma. Lo importante no es intentar eliminar por completo la ansiedad, eso es imposible e ilógico. La ansiedad no es una enemiga, cumple una función primordial en los seres humanos para sobrevivir y… porque no decirlo, ponernos las pilas de vez en cuando.

Lo importante aquí es comprender y aceptar las situaciones que te generan ansiedad a tí en particular, y aprender a gestionar los mecanismos de pensamiento de tu mente con una actitud observadora.

Ansiedad e inseguridad

Los alimentos del pensamiento

La inseguridad es lo que sentimos cuando ponemos el gran potencial de nuestra imaginación a disposición de ciertos pensamientos orientados hacia nuestro temores. Este sentimiento de inseguridad que es sano y natural ante determinadas situaciones, se convierte en ansiedad mediante la obsesión.

Es decir, cuando dirigimos el foco de atención de nuestros pensamientos ante contextos y juicios personales que nos causan temor, y nos identificamos con ellos o intentamos escapar de ellos pero vuelven a acecharnos una y otra vez, alimentamos con nuestro pensamiento emociones como la ansiedad, inseguridades, frustraciones y miedos de una forma tóxica.

El cine de tu imaginación

Hay personas cuyo potencial de imaginación es tan potente, que por ejemplo ante situaciones de inseguridad y ansiedad como la que provocan los celos, son capaces de ver a su pareja siéndole infiel sin que ocurra nada realmente. Particularmente, conozco algún caso cercano, donde el sujeto llega a imaginar y a crear con todo lujo de detalles que su pareja le está siendo infiel, y no hay quien la saque de ahí. Sueña y siente esa perturbación contante. A algunos, comprensiblemente, estas situaciones le han llevado a la locura.

La imaginación es una de nuestras armas más poderosas, y se puede utilizar tanto para alcanzar la felicidad y el éxito, como para sucumbir en las tinieblas de la histeria. Las personas que sufren ansiedad imaginan, imaginan mucho sus temores y sus defectos y todo lo que puede salir mal o les puede pasar. Incluso lo que otros pueden hacerle, a veces personas que no tienen nada en su contra, pero que por su ansiedad, desarrollan ante ellas conductas incongruentes derivadas de un formación actitudinal hacia ellas casi delictiva.

La ansiedad nos vuelve infelices, resentidos y desconfiados a medida que imaginamos toda clase de mierda (con perdón por la expresión).

Repasa todo aquello que imaginas o sueñas. La mayoría de las veces los sueños o las pesadillas son el resultado de a lo que destinamos nuestra atención durante el día.

Piensa, detente un instante y pregúntate, ¿lo que estoy imaginando es bueno para mi? ¿es positivo? Si no lo es, no le des más vueltas. El tiempo es oro, no estamos para tirarlo en perjudicarnos.

No te evadas, pon remedios

En nuestra sociedad hemos aprendido a evadirnos de lo que nos hace sentir mal. Cada día contamos con más opciones de entretenimiento a nuestra disposición. Ya sea mediante las opciones digitales, como las más sanas como el deporte, hay que llevar cuidado cuando estas actividades nos sirven como evasión de nuestra propia mente.

En ocasiones los focos de ansiedad son débiles y fugaces. Quizá se deban a un problema en el trabajo de una situación temporal. Ahí desconectar mediante cualquier actividad que nos entretenga, es sencillo y muy útil. Es lógico y natural evadirnos. Cuando no lo es cuando nuestro problemas de ansiedad y nuestras inseguridades vienen de situaciones o pensamientos que son constantes en nuestras vidas. Es ahí donde si no comprendemos y aceptamos con todo nuestro ser, jamás podremos liberarnos de esa presión angustiosa.

Cuando algo nos perturba es muy importante reflexionar y meditar profundamente sobre ello, ya que es muy probable que nosotros mismos hayamos construido un gran edificio con apenas dos ladrillos por culpa de evasión. Cuando nos ponemos manos a la obra, recuperamos nuestra racionalidad, y cogemos papel y boli para ser justos y precisos, conseguimos ordenar el cacao en nuestra cabeza para encontrar los caminos que nos lleven a las soluciones, o sencillamente, disolver un problema tras comprender que en realidad, no había problema.

Síntomas de ansiedad

Algunos de los síntomas más comunes de la ansiedad son:

Miedos e inseguridades

Preocupaciones

Indecisión y dificultad para la toma de decisiones

Pérdida de motivación y de interés

Tartamudeos y tics nerviosos

Problemas de concentración

Insomnio o hiperactividad

Otros de estos síntomas son los físicos: problemas digestivos, tensión muscular, dolores de cabeza, sudoración excesiva y desagradable, e incluso impotencia o eyaculación precoz.

Cómo controlar la ansiedad

La ansiedad nos agota y angustia el día de hoy, sin embargo en la mayoría de ocasiones proviene de pensamientos que están orientados hacia contextos futuros:

” No me da tiempo, voy a suspender el examen del lunes”

“Seguro que si le digo de irnos a vivir juntos me va a decir que no”

“Creo que el jefe se ha enfadado conmigo, espero que no me eche”

“Este chico me encanta pero seguro que es un golfo y acaba pasando de mí”

“No me siento preparado, seguro que me sale fatal”

Como vemos en estos cuatro ejemplos, no sólo suele provenir de pensamientos futuros, si no que estos pensamientos siempre son negativos. Si fuesen positivos, no generarían ansiedad.

Para evitar esto tendremos que trabajar profundamente en nosotros mismos en pos de una vida mucho más satisfactoria, intensa y feliz. Deberemos, pues, acercar nuestra vida al presente y transformar nuestros pensamientos negativos en pensamientos positivos.  Incluso si conseguimos pensar mucho menos, mejor. Para conseguir todo esto la meditación es muy beneficiosa, así como actividades que nos permiten relajar nuestra mente, como pueden ser el yoga, bailar o incluso cantar.

10 consejos para aplicar hoy:

1. Reflexiona sobre qué es lo que te provoca ansiedad: un ejercicio que te puede ayudar es relajarte e inspirar y expirar profundamente despacio. Cuando inspires piensa en aquellos rasgos positivos que vas a mejorar, y cuando expulses ese aire piensa en cómo va saliendo de ti todos tus pensamientos negativos e inseguridades.

2. Vigila tus hábitos y estudia cómo puedes mejorarlos para llevar una vida más relajada o hacer más cosas que te gusten y te permitan desconectar. No te lleves el trabajo a casa, los momentos de ocio tienen que servirte a modo de meditación. La risa te ayudará y te aportará múltiples beneficios en tu cuerpo y mente.

3. Intenta evitar en la medida de lo posibles las malas noticias y a las personas negativas. Rodearse de gente que siempre se está quejando es un foco de estrés. Júntate más con personas que te contagien energía y emociones positivas. Evita el chismorreo y el cotilleo crítico. Cuanto más critiques a otros, más te acostumbrarás a criticar y más lo harás contigo mismo.

4. Habitúate a transformar tus pensamientos negativos en pensamientos positivos. Todas las monedas tienen dos lados, si ves el parte positiva de todo lo que no desearías, siempre encontrarás que lo malo no tiene porque serlo tanto.

5. Al despertar por las mañanas, piensa en todo lo bueno que tienes y visualiza un futuro que te ilusione con cosas que deseas que realmente estén a tu alcance y sepas que son alcanzables. Estas visualizaciones no sólo te animarán a empezar el día con más positivismo y entusiasmo, sino que además te acercarán a cumplir tus sueños.

6. Acostúmbrate a hacer cosas nuevas y a dedicar algo de tiempo a mejorar. Las nuevas actividades estimulan nuestra mente y tienen un efecto cautivador sobre nuestro entusiasmo. A veces el aprendizaje es la mejor terapia.

7. Comprender y aceptar requiere tiempo. Un tópico muy extendido es que el tiempo pone las cosas en su sitio. Hoy el agua está turbia, pero si esperamos a que repose, al final la suciedad volverá a caer al fondo y en la superficie quedará limpia para poder beberla. Ten siempre presente esta realidad, y anota que cualquier problema actual te será irremediablemente insignificante en el futuro.

8. ¡Desahógate! Si hace falta contrata a un psicólogo o a un coaching. Un buen amigo también es útil, especialmente si tiene una actitud empática, comprensiva y amorosa con el mundo. Compartir visiones y percepciones con otra persona nos permite humanizar nuestros focos de ansiedad, y visualizar perceptivamente que lo que nos parecía dentro de nuestra mente algo irresoluble y vital, fuera de ella no deja de ser una situación convencional y con soluciones.

9. Aprende a aceptarte y quererte tal y como eres, y a no depender de la opinión de los demás. Todos en esta vida tenemos detractores. No todo el mundo es católico, y no todo el mundo vota a la misma persona para ser presidente de su país. Lo que está claro, es que siempre habrá personas a las que les gustemos, y personas a la que no hagamos lo que hagamos. Lo mejor es que cada día te conozcas más, y no tengas reparos a desarrollarte y exponerte tal y como eres a cada momento, porque cada día, y a cada instante, somos diferentes.

10. Si, a cada día, a cada instante, somos diferentes. Lo que hoy no hemos podido conseguir, lo podemos conseguir mañana. Si hoy no hemos sido empáticos, en otro momento venidero podemos desarrollar esta habilidad más que nunca. En muchas ocasiones, de nuestra debilidades acabamos forjando nuestras mayores fortalezas. Acepta que cambias en todo momento, y sé menos duro contigo mismo durante tu presente.

Cuidado con las trampas del lenguaje

No me gustan las palabras como sacrificio, esfuerzo o deber, aunque reconozco haberlas usado con asiduidad a lo largo de mi vida. Prefiero cambiarlas por palabras como pasión, superación, crecimiento, o entusiasmo. Porque todos hacemos cosas por deber, tenemos que hacerlas, estamos obligados, pero es nuestra percepción de ellas como deber, como impuestas, es lo que nos hace percibirlas como fastidiosas, y en consecuencia que nos generen ansiedad y frustración.

Cada vez que vas al trabajo con la cabeza baja diciendo “vaya mierda, otra vez es lunes” o “me espera una tarde muy pesada y aburrida”. Te estás autoprogramando a ti mismo para que si ese trabajo te iba a aburrir o a cansar, aún te aburra y te canse mucho más.

Empieza a percibir aquello que te genere entusiasmo y pasión de lo que haces en tu vida que no te gusta. Incluso aquellas cosas que no nos gusta hacer pueden acarrearnos grandes beneficios. Mira hacia esos beneficios y no hacia lo que te cuesta.

¡Céntrate en lo verdaderamente positivo y siente como la motivación alimenta cada momento de tu vida!

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© BRAVE JUNGLE.

Vive desde el amor, y ningún golpe conseguirá escapar de tu aceptación y comprensión. No habrá nada que no puedas aguantar, pues estarás tan embelesado por la vida y sentirás tanto el presente, que los golpes pasarán más rápido de lo que te de tiempo a asimilarlos.

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