La persona fanfarrona: Seduce sin alardear

¡Fanfarrón! ¡Fanfarrón! ¡Dime de qué presumes y te diré de qué careces!

Según el diccionario facilitado por nuestro amigo Google, el calificativo fanfarrón se aplica a la persona que presume o alardea de cualidades que en realidad no tiene, especialmente de valentía o superioridad.

Aunque esta definición nos invita a pensar que esta cualidad es poco seductora por su vertiente “falsa” o “carente de sinceridad”, en realidad aquí hablaremos del fanfarrón como una persona que presume de lo que es y de lo que tiene principalmente desde dos perspectivas:

En primer lugar tenemos al mentirosillo/a piadoso/a que intenta aparentar más de lo que es, en principio por una falta de autoestima. Este tipo de seductor basa sus éxitos en el engaño y en aparentar lo que no es.

La pena capital es que le/a pillen siendo un mentiroso/a y alardeando de algo que no es o de algo que no tiene. Cuando se caza a una persona mintiendo minamos la confianza que podríamos depositar en ella, provocando que nos cerremos y nos mostremos más desconfiados. No olvidemos que la falta de sinceridad es una de las características más repulsivas que puede tener una persona.

En segundo lugar, contamos con aquél que se quiere tanto a sí mismo o a sí misma, o se siente tan orgulloso de lo que tiene, que no puede evitar publicar hasta en el New York Times lo crack que es. El típico tío que si llega a nacer con dos chorras iría todo el día con los huevos al aire.

Este tipo de personas generan repulsión por el simple hecho de alardear.  Es esa persona que siempre está hablando de lo fantástica que es, o principalmente, de qué es lo que tiene. Podemos penar en el caso de los típicos guaperas presumidos, o de esa amiga que siempre está mostrando que tiene mucho dinero o que tiene muchos éxitos. No sólo es una actitud poco atractiva de una persona, sino que además se pueden generar envidias que pongan a los otros en nuestra contra o incluso nos repudien (aquellos a los que les guste el fútbol pueden pensar en Cristiano Ronaldo como ejemplo).

En ambos casos esta actitud nace del egoísmo y de un ansia incontrolada del ser humano por sentirse aceptado o alabado por los demás.

Una persona magnética no necesita buscar aprobación, puesto que se ama a sí misma de forma incondicional, y aunque disfruta del aprecio y admiración que puedan tener los demás sobre él, ésta es feliz y disfruta de su vida y de sus éxitos por cuenta propia y sin necesidad de demostrárselos a nadie más que a sí misma.

Todo esto no quiere decir que no podamos compartir nuestros logros o cualificarnos como personas valoradas delante de los demás, esto es perfectamente sano y conveniente hacerlo, la diferencia reside en cómo hacerlo de forma atractiva.

Dependiendo de la persona o grupo de personas que tengamos delante podemos mostrar en mayor o en menor medida nuestros logros, atendiendo pues al equilibrio de valor, o lo que es lo mismo, a que todos nos sintamos valorados en un nivel más o menos similar y que no parezca que nadie es más que nadie.

Pongamos un ejemplo: si eres un chico guapo y atractivo con un Ferrari rojo que corre más que los espermatozoides en busca de un óvulo, y lo que quieres es seducir a esa panadera que te pone a más velocidad que el Ferrari, has de comprender que esta chica puede sentirse intimidada ante semejante tiarrón y a priori poco valorada para ti. ¿Cuál es la solución? Equilibrar ese valor cualificándola y sexualizando convenientemente de forma que se sienta lo suficientemente valorada y deseada como para merecerte. Fanfarronear de que eres guapo y tienes pasta sería la mejor manera de dormir solo y desaprovechar las múltiples ventajas de tu carísimo colchón.

Ahora pongamos el mismo ejemplo pero en el lugar de la chica: ella sabe que este tío a priori no la valora lo suficiente y lo que quiere es llevársela al catre. Aquí puede caer en el error de empezar a alardear de sus logros para sentirse a la altura de él, pero no es tonta y sabe que si hace esto él se va a dar cuenta y va a notar una inseguridad muy poco atractiva. Por tanto lo que hace es tratarlo de igual a igual, manteniendo una conversación agradable y entretenida en la que ambos se van valorando el uno al otro de forma recíproca.

Causa mucho mejor efecto que los demás descubran tus cualidades sin tu ayuda (Judith Martín)

Ya tenemos claro que una persona fanfarrona puede ser tachada de mentirosa, egoísta e insegura. No obstante siempre hay un antítesis. En Good Life decimos que en la seducción no hay nada que esté mal ni bien al 100%, y que debemos sentirnos en la libertad de hacer lo que queramos en todo momento y sin encarcelar nuestra creatividad y libertades para actuar. Sin duda la antítesis de ser un fanfarrón es el chulito gracioso o el arrogante divertido.

El arrogante divertido o ese chulito gracioso o chulita graciosa de toda la vida es una forma de ser un persona fanfarrona, la diferencia está en su gracia, frescura y chispa. Éste/a no se muestra fanfarrón o fanfarrona por ser mentiroso, egoísta o inseguro, sino que lo hace para divertirse y divertir. Jugar a lanzarse púas a ver quién es más molón es sin duda un juego muy divertido que enciende la atracción y genera mucha tensión sexual. No obstante queda patente que se está jugando.

Esta forma de seducir se ha extendido mucho, sobre todo entre los más jóvenes, el problema está en que muchos confunden el contexto. Cuando están en un contexto de diversión y juego les va tan bien mostrándose de esta forma que en otros contextos más serios se muestran igual, cayendo así en el saco del “fanfarrón”. Al mismo tiempo comentaremos que ir de chulito y gracioso para seducir puede dar grandes resultados, pero en la seducción hay que aprender a utilizar una gran variedad de recursos, ya que siempre lo mismo acaba aburriendo.

Donde hay soberbia, allí habrá ignorancia; mas donde hay humildad, habrá sabiduría (Salomón)

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