¿Qué es la inteligencia emocional?



La Inteligencia emocional, término acuñado por Daniel Goleman, es la capacidad que tenemos para identificar, comprender y gestionar nuestras propias emociones. Provocando que este tipo de inteligencia sea vital para nuestro bienestar; mejorando nuestras relacionas sociales, laborales y nuestro propio diálogo interno.

La finalidad de un correcto desarrollo de la inteligencia emocional es la de dirigir el poder de las emociones hacia fines constructivos. Su meta no es condenar ninguna emoción en particular, sino aprender a controlarlas y canalizarlas en base a los objetivos de cada uno.

Esto nos permite observar cada una de esas emociones y evaluar el efecto que tienen sobre nosotros, tanto de forma individual como en su conjunto. Debido a que la presencia o no de una emoción en particular influye en la interpretación o exaltación de las otras.

Inteligencia emocional: Guía para gestionar tus emociones

1. Observa, acepta y gestiona tus emociones

Lo primero que debemos hacer para mejorar nuestra Inteligencia emocional es adoptar el hábito de observar nuestras propias reacciones y comportamientos. Para ello es imprescindible categorizar en nuestra mente algunas de las emociones más habituales. Sobre todo aquellas que consideramos como negativas o tóxicas. Siempre bajo la premisa de no condenarlas ni juzgarnos por sentirlas, ya que estas no tienen porqué ser tóxicas en sí. Pueden ser consideradas como mera energía y está en nuestras manos canalizarla para que podamos gestionar nuestras emociones positivamente.

Ejemplo usando la Inteligencia emocional

Observando nuestras emociones

Juan tiene que hacer una exposición en público, cuando en las primeras que realizó hace un tiempo no le fue demasiado bien. Eso le hace sentir emociones como ansiedad, angustia, o frustración. Sin embargo, antes de que la sangre llegue al río, Juan se detiene un momento. Respira hondo para estar más sereno y observa esas experiencias pasadas que le están condicionando a sentir esas emociones.

Aceptando las emociones

Tras su momento de reflexión Juan se da cuenta de que es normal que se sienta así. Las otras veces que tuvo que exponer en público no se sentía preparado para hacerlo por no haberse preparado bien esas exposiciones. Sin embargo ahora va a hablar sobre un tema que le gusta y que domina perfectamente, lo que lo lleva sentirse motivado a superar sus miedos. Provocando que esas emociones negativas o tóxicas sean comprendidas y aceptadas como parte de un pasado que no tiene porqué materializarse en el momento presente.



Más sobre la aceptación en: Acéptate, progresa y mejora tu autoestima

Gestionando emociones hacia fines positivos

Tras observar y aceptar sus emociones Juan se da cuenta de toda ese energía le está haciendo vivir un momento muy intenso. Lo que le lleva a imaginarse lo alegre que se sentirá al derribar esas barreras que hasta ahora estaban lastrando sus éxitos. Transformando toda esa energía en entusiasmo. Es consciente de que los nervios los seguirá teniendo, porque se enfrenta a una reto importante. Pero acepta esos nervios de forma positiva. Pensando que le ayudarán a estar más alerta para cumplir su meta.

¿Qué hubiese pasado sin la inteligencia emocional?

Si en el ejemplo anterior Juan no hubiese gestionado sus emociones, lo más probable es que hubiese caído en las garras de los pensamientos negativos. Imaginando todo tipo de repercusiones por un posible fracaso. Alimentando así esa ansiedad que de por sí era normal. Quizá hasta un punto que hubiese sido inasumible para él. Lo que a su vez se podría haber materializado en una exposición en público con un lenguaje no verbal inseguro, en lugar de uno que transmitiera entusiasmo. Pudiendo quedarse en blanco por muy bien que se hubiese preparado el tema a exponer.

2. Identifica las emociones negativas



En esta guía nos basaremos en el libro Emociones tóxicas del psicólogo Bernardo Stamateas. Identificando 9 emociones cuyo conocimiento de sus características nos ayudará a controlar esas emociones, ya que nuestra mente tendrá la capacidad de sintetizarlas en partes más pequeñas.

Es decir, cuanto más sepamos sobre cada emoción, menos las veremos como algo bruto y abstracto, sino como unos pasos que podemos afrontar.

Piensa en esta metáfora: seguramente una integral matemática que ocupe todo un folio te dio mucho miedo al verla por primera vez. Pero una vez te la explicaron y viste que su resolución formaba parte de una serie de pasos continuos más pequeños, ese miedo fue desapareciendo. Dicho de otra forma, somos incapaces de escalar toda una montaña de golpe. Sin embargo, somos perfectamente capaces de andar varios senderos y escalar unos cuantos tramos de roca unos después de otros.

De esta forma pasaremos, por ejemplo, de pensar que estamos cabreados y fuera de control (resultado en bruto de las emociones), a pensar que sentimos ira porque nos han insultado. Preguntándonos si merece que le demos tanto valor a esa ofensa como para permitir que nos amargue el momento presente. Y es que como defienden los autores más espirituales, la consciencia sana por sí sola.

9 emociones negativas que debes aprender a gestionar

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Frustración

La frustración es una de las emociones más importantes para mejorar la inteligencia emocional. Ésta nos hace sentir fracasados o decepcionados ante anhelos, deseos o metas no cumplidas. Es decir, nos sentimos frustrados cuando no estamos en la situación en la que nos gustaría. Asociando esos sentimientos de bajón emocional a las circunstancias que los provocaron. Sus características son:

  • Provoca angustia y puede incentivarnos a evitar las situaciones que la generaron.
  • Tendemos a juzgarnos negativamente dañando nuestro autoconcepto.
  • Echamos la culpa a los demás de no estar en la situación que desearíamos como resultado de nuestros mecanismo de defensa.
  • Nos cuesta sentirnos motivados ante nuevas situaciones o retos, por muy diferentes que sean a los que nos generaron frustración.
  • Incentiva la exaltación de emociones como celos, angustia o vergüenza.

Más sobre la frustración en: Frustración emocional: Afróntala y crece con su energía

Vergüenza

La vergüenza es una emoción que nos cohibe, minando la confianza que necesitamos para hacer lo que deseamos. Provoca una especie de efecto parálisis, siendo considera por la inteligencia emocional como un parásito de cara a desarrollar todo nuestro potencial. Sus características son:

  • Proyección constante hacia aquello que puedan pensar de nosotros.
  • Creencias del sujeto de que hay algo malo o deficiente en él.
  • Tendencia a evitar dar sus opiniones o darse a conocer tal y como es.
  • Sus constantes reparos le hace perder de vista las oportunidades.
  • Los actos condicionados por la vergüenza no suelen adecuarse con el talento o las capacidades reales de los individuos.
  • Severa tendencia a postergar las cosas que le dan vergüenza llegando a no realizarlas nunca.
  • Inclinaciones a abandonar lo aprendido por miedo a ser ridiculizado.

Más sobre la vergüenza en: Libérate de la vergüenza, tu momento es ahora

Rechazo

El rechazo se vuelve tóxico cuando nos obsesionamos por buscar la aceptación de los demás. Necesitamos controlar esta emoción para que el valor que nos damos a nosotros mismos no esté supeditado a las opiniones ajenas. Es decir, tenemos que aprender a valorarnos desde el interior por lo que realmente somos. Veamos algunas de sus características:

  • Buscar constantemente la aprobación de los demás y depender de su apoyo para afirmarse.
  • Alardear de lo que se tiene por miedo al rechazo.
  • Intentar mantener al resto de la gente bajo control.
  • Ofenderse fácilmente ante las negativas y pudiendo responder con ira ante ellas.
  • Sobreestimar las opiniones de los demás volviéndose susceptible a ellas.
  • No disfrutar de lo que se tiene si no se recibe un valor social de ello.
  • Tendencia a rechazar a los demás como consecuencia de la frustración.

Más sobre el rechazo en: Rechazo amoroso: Qué hacer cuando te rechazan

Miedo

El miedo es una emoción sana y normal que nos ahuyenta de lo peligros. Sin embargo a menudo necesitamos gestionarlo para que esta sensación de angustia no nos impida afrontar las dificultades con confianza. Según la Inteligencia emocional el miedo se vuelve tóxico cuando nos paraliza aún teniendo los recursos necesarios para superarlo. Volviéndose de este modo irracional.

  • Imaginación exagerada y circular de todo tipo de consecuencias negativas posibles.
  • Hace de amplificador de todas las demás emociones, tanto de las positivas como de las negativas.
  • Paraliza o acelera y aumenta nuestras capacidades de recordar esos momentos en los que actuó.
  • Forma patrones de comportamiento en base a experiencias pasadas: «Mi expareja ya me engañó y ahora no me fío de nadie».
  • Nos hace concentrarnos demasiado en el pasado. Perdemos de vista las novedades del presente.
  • Tiene caracter retroactivo: «Si me da miedo mantener relaciones sexuales por cualquier motivo, me empieza a dar miedo conocer a alguien que me pueda gustar, me da miedo besar a otra persona por primera vez, conectar sexualmente con ella, etc…». Las fases anteriores a un miedo futuro se condicionan generando miedo en ellas también.
  • Reproducir mentalmente experiencias traumáticas una y otra vez con todo lujo de detalles. Generando temores inexistentes que pueden acabar materializándose en fobias.

Más sobre el miedo en: Supera tus miedos e inseguridades
Más sobre ser más valiente en: 14 creencias para ser más valiente

Ira o enojo

Enfadarnos no siempre es malo. En algunas ocasiones puede incentivar nuestro espíritu de superación y motivarnos a cambiar las cosas. Aumenta así nuestra capacidad para enfrentar situaciones adversas (resiliencia). Otras veces nos ayuda a darnos cuenta de nuestros errores. El problema nos sobreviene cuando esos enfados se producen por motivos poco relevantes y sin que podamos extraer nada positivo a cambio. O peor todavía, cuando nos hacen destruir lo que teníamos.

  • Suele producirse cuando no se cumplen nuestras expectativas.
  • Disminuye nuestra capacidad para ser empáticos y asertivos.
  • Se manifiesta en distintos niveles, pudiendo ser gestionada de distinta manera. Algunos la sueltan poco a poco conforme les llega. Otros la contienen y acaban estallando en los momentos menos oportunos. Otros la van soltando con el perdón o la meditación conforme les va llegando…
  • Puede manterializarse en violencia cuando los niveles de frustración son elevados.
  • Afecta de forma distinta según el tipo de personalidad de cada sujeto. Suele ser más habitual en personas muy competitivas o con tendencia a compararse.
  • Sus respuestas verbales pueden ser pasivas (cuando se contiene), asertivas (cuando se gestiona) o agresivas (cuando se le da rienda suelta).
  • Suele producir sentimientos de culpa. Agravando el problema o concienciando a la persona a gestionar mejor esta emoción. Incluso llevándola a pedir perdón.

Un truco que yo suelo utilizar cuando siento que me estoy enfadando es hacerme preguntas que me inviten a reflexionar. Suelo preguntarme: ¿enfadarme por esto me puede aportar algo o solo va a hacerme sentir mal? ¿Enfadarme me va a incentivar a conseguir algo positivo en el futuro? ¿Me puede ayudar este enfado de alguna manera a disfrutar más mi ahora actual o futuro?

Celos

Según las teorías sobre inteligencia emocional producimos celos cuando tenemos miedo a perder a alguien. Comúnmente se dice que podemos sentir celos de otra persona por lo que tiene o cómo es, pero en esos casos estaríamos hablando de una emoción diferente: la envidia.

  • Afectan a una relación entre dos personas hasta llegar a volverla tóxica si los celos son elevados.
  • Cohiben nuestra sensación de sentirnos naturales y libres. Lo que paradójicamente incentiva que busquemos la aventura que se quería evitar.
  • Vuelven a quienes los padecen excesivamente controladores o estrategas.
  • Crean imágenes ensalzadas y distorsionadas sobre lo que le puede aportar una persona deseada.
  • Puede materializarse en violencia de género.
  • Puede impedirnos apreciar y disfrutar el momento presente con la otra persona.
  • Genera actitudes dictatoriales donde el afectado se inmiscuye en todo e intenta dirigirlo.
  • Crea amenazas ilusorias pudiendo ver cosas que no se han producido.
  • Genera actitudes compensatorias como llantos, pedir perdón, hacer regalos, etc.

El sentimiento de pérdida es lo que hace que los celos se acentúen. Las teorías espirituales saben combatir muy bien esta emoción al hacernos conscientes de que no tenemos nada. La seducción también puede ayudar. Aportándonos seguridad de cara a salir adelante en caso de perder una relación actual, o haciéndonos sentir más confianza si nos ayuda a que una relación funcione mejor.

Apego o dependencia emocional

Gestionar emociones como el apego es vital para poder disfrutar de unas relaciones sanas. La dificultad de controlarlo reside en las carencias del sujeto que las padece, a menudo difíciles de solucionar. Ya que el echo de que una persona entienda que depende de otra para ser feliz en una clara señal de baja estima. Por eso su primer paso debería ser trabajar en mejorar su autoestima para aprender a valorarse por sí mismo. Apreciando la riqueza de su vida incluso estando solo.

  • Se vive con muchos miedos y frustraciones pensando lo trágica que sería la vida sin el otro.
  • Se siente que la otra persona es importante, pero uno mismo no lo es.
  • Sometimiento sin concesiones a lo que piensa o quiere el otro.
  • Genera obsesiones amorosas difíciles de sobrellevar y acusadas en llantos.
  • Sentimientos de abandono y temor excesivo a ser dejado o apartado.
  • Timidez y miedo a perder la validación del otro.
  • Perdidas de consciencia e independencia sobre las capacidades y talentos propios.
  • Búsqueda constante de que los demás cumplan sus expectativas, cumpliéndose también a la inversa. Sintiendo la responsabilidad de resolver los problemas de los demás.
  • Sentir que la vida no tiene sentido si no se aporta algo a los otros.

Más en: Dependencia emocional: Cómo superar la obsesión amorosa

Ansiedad o angustia

La inteligencia emocional entiende la angustia como una emoción que nos defiende de situaciones que nuestra mente percibe como peligrosas. Es decir, todas aquellas que le cuesta afrontar. Materializándose más frecuentemente como ansiedad. Siendo esta útil para cargarnos de energía de cara a plantar cara a nuestros retos, pero muy perjudicial para la salud si nos mantiene permanentemente en tensión. Sus características son:

  • Sentimientos de inquietud y temor, esperando que suceda algo malo.
  • Limita nuestra capacidad de disfrutar emociones positivas como la alegría o el amor.
  • Alimenta la duda y la perpetúa. Preguntándonos constantemente qué hacer, qué decir o qué elecciones tomar.
  • Provoca que escapemos o posterguemos situaciones que deberíamos afrontar.
  • Tendencia a calmar esta emoción con comida, exceso de trabajo, drogas o medicación.

Más sobre la ansiedad en: Libérate de la ansiedad: 10 consejos para aplicar hoy mismo

Culpa

Los sentimientos de culpabilidad pueden ser circunstanciales o arrastrados lo largo de la vida. Sentir culpa en un momento puntual cuando vemos que nos hemos equivocado es sano y normal. Es como una señal de stop que nos indica que ese no es nuestro camino a seguir. Sin embargo deberemos gestionar y tener bien controlada esta emoción cuando nos esté condicionando negativamente. Es decir, cuando provoca que actuemos de una forma que no favorece a nuestros intereses; a veces sin darnos cuenta.

  • Agobia e impide disfrutar el momento presente.
  • Sentirse en deuda permanente con algo o con alguien.
  • Atormenta y pueden estas dudas ser provocadas por otros para manipularnos.
  • Sentimos que nos estamos haciendo lo que deberíamos.
  • Genera que el que se culpa así mismo también exija mucho a los demás, pudiendo generar estados de insatisfacción.
  • Tendencia a realizar acusaciones.
  • Crítica y duda hacia las acciones que se han emprendido.
  • Tormento por decisiones o experiencias pasadas. Pudiendo amargarse el presente y evitando que se pueda pasar página. Lo que a su vez coacciona la libertad de actuación actual por culpa del miedo.

En mi experiencia personal me gusta pensar que no debería arrepentirme de nada. Que todo lo que me ha pasado ha estado ahí para enseñarme algo. Aceptando lo momentos negativos y las equivocaciones para que estas no lastren mi disfrute presente y mi desarrollo futuro. Y es que aquellos que aceptan la vida tal y como viene pensando que están cambiando a cada momento, son más libres.

3. Gestionar emociones con naturalidad

Bruce Lee nos regalo una valiosa llave maestra en esa conocida entrevista donde nos decía que fuésemos como el agua. ¡Be water my friend! En ella nos instaba a combinar dos partes en armonía: Naturalidad y control. Aprendiendo a adaptarnos al contexto. Identificando cuando podemos abandonarnos por completo al momento y cuando tenemos que echar mano de nuestra mente más lógica, calculadora y analítica para conseguir lo que queremos.

Lleva un equilibrio entre naturalidad y control

Esto es algo que muchos autores han defendido siempre a ultranza. Tanto psicólogos como guías espirituales. Porque no podemos olvidar que gestionar emociones es una forma de incentivar el control. Un control que puede perjudicar nuestra naturalidad y evitar que sintamos las emociones de la forma más plena e intensa posible. ¡Vamos que convertirnos en contables emocionales tampoco es sano ni satisfactorio! Siempre hay que llevar un equilibrio…

Vive con una actitud amorosa

Una forma de controlar las emociones negativas de forma consciente pero a su vez natural, sin poner en riesgo nuestra sensibilidad y espontaneidad, es gestionarlas desde una actitud amorosa. Es decir, predisponiéndonos a gestionar nuestras emociones negativas sin abandonar las positivas. Desde el cariño, la alegría y el amor. Desapegándonos lo máximo posible del ego; la identificación con el yo.

Recuerdo que cuando conocí a mi pareja por primera esta no dejó de rechazarme duramente. Atacando a mi autoestima desde que me acerqué a hablar con ella en una discoteca de mi pueblo. Más tarde tras nuestras primeras citas acabó diciéndome:

David, lo que más me gusta de ti es que por más dura que fui contigo cuando nos conocimos y por mucho que te rechacé, nunca te ofendiste. Me sorprende que siempre te mantengas de tan buen humor y no siento que nada malo que te pase pueda afectarte mucho. Además, no dejas de contagiarme ese estado a mí, y eso me hace sentir muy feliz cuando estoy contigo.

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¡Abre los ojos a un mundo cargado de pasión y belleza! Acompañado de 100 conversaciones en narrativa y 40 poemas en prosa, Despierta belleza nos insta a ser más creativos en nuestras relaciones sociales y trasladar ese instinto a todas las áreas de nuestra vida. Promoviendo actitudes valientes que despierten al artista que llevamos dentro desde aquello que más hacemos: comunicarnos con nosotros mismos y con los demás.

4. Observa tus emociones desde fuera

Todos pasamos por malos momentos y desequilibrios emocionales. A veces esas situaciones de bajón están justificadas y nos indican cambios a realizar en nuestras vidas. Sin embargo, gran parte de esos bajones emocionales no tienen justificación alguna. Sencillamente nos sentimos desanimados sin motivo aparente.

Esta es una realidad que debemos aceptar bajo el riesgo de que si no lo hacemos, podemos acabar viajando siempre en montaña rusa. Incentivando un caos emocional fomentado por un autosabotaje constante. Y el problema del autosabotaje es que mezcla multitud de emociones de forma caótica. Pudiendo sentir culpabilidad, miedo, frustración, ansiedad, etc. Todo a la vez según hacia donde vayamos dirigiendo la vorágine de nuestros pensamientos.

Dialoga y reflexiona contigo mismo

Lo que yo suelo hacer es meditar viéndome desde fuera en ese tipo de situaciones. A veces combinándolo con una técnica más que demostrada y tan sencilla como es hablar con uno mismo como si fuésemos otra persona. Lo que sería hacerse autocoaching. Me digo: «David, que te sientas de bajón ahora puede ser perfectamente normal. Tu vida está bien ordenada, estás luchando por tus metas, tienes gente que te quiere y te valora, etc. No tienes porqué empezar a replantearte toda tu vida sencillamente porque estés con el ánimo bajo, porque estar bajo de ánimos de vez en cuando es algo natural. Pasa el mal trago y tranquilo porque dentro de unas horas o en unos días seguro que vuelves a estar motivado».

Más sobre esto en: Mantener la calma: Una técnica breve y efectiva

5. Gestiona tus emociones con tus habilidades sociales

No hace falta ser un lumbreras de la inteligencia emocional para darse cuenta de que las emociones que sentimos dependen en gran parte de nuestra relaciones con los demás. De esta forma, cuanto más cultivadas tengamos nuestras habilidades sociales, mejor podremos gestionar nuestras emociones.

Empatía

Mejorar nuestra empatía nos ayudará a poder sentir lo que otros sienten. Obteniendo así información sobre sus emociones y sentimientos. Algo que es de mucha utilidad para adaptar lo que decimos al momento emocional de los otros, evitando malentendidos y emociones negativas derivadas de ellos: culpa, envidia, celos, ansiedad, miedo, etc.

A su vez, cuando nos preocupamos de ponernos en el lugar de los otros, comenzamos a entender desde fuera (con menor implicación) las emociones que están sintiendo. Cultivando de este modo nuestras capacidades para observar y analizar de las distintas emociones.

Más sobre la empatía en: Empatía: La mejor habilidad para seducir y enamorar

Asertividad

La asertividad unida a su más fiel aliada, la empatía, de la que ya hemos hablado, es fundamental para poder controlar nuestras emociones cuando nos comunicamos. Su enfoque es tan claro que evita que nuestra mente desvaríe incentivada por la energía de las emociones. Nos mantiene focalizados a no hablar de forma pasiva, lo que provoca frustración y ansiedad. Ni de forma agresiva para no llenarnos de ira. Pero de esta habilidad ya hablamos en profundidad en: Comunicación asertiva: Guía con ejemplos para ser más asertivo.

Comunicación emocional

Particularmente me siento fascinado por el gran poder de esta forma de comunicar. Saber expresar nuestros sentimientos y emociones de modo impactante; generando empatía y comprensión, nos hace conectar con los demás. Unas conexiones que provocan que nuestra mente se expanda atendiendo a multitud de posibilidades. Entendiéndonos de una forma emocional mucho muy profunda. Se podría decir que incluso poética, ya que la comunicación emocional se utiliza mucho en los poemas.

Descubre más en mi artículo: Comunicación emocional: Expresar sentimientos y emociones, o descúbrelo todo en mi libro Despierta belleza.

6. Reinterpreta tu pasado mediante la meditación

Tan importante es mejorar nuestra inteligencia emocional y aprender a gestionar emociones como sanar las interpretaciones que hayamos hecho de ellas en el pasado.

Como decía Anthony de Mello: «Usted no hace nada parar ser libre, usted descarta algo. Entonces es libre». Para dejar paso a lo nuevo, hay que soltar lo antiguo, pero solo puede soltarse a través del perdón. Necesita de lo que los psicólogos llaman una revaluación objetiva de los hechos. Una técnica que lleva utilizándose dentro de las corrientes espirituales durante miles de años a través de la práctica de la meditación.

Esta técnica consiste en sentarse a meditar para una vez los pensamientos están calmados, entrando en un estado de aceptación y no juicio, comencemos a recordar momentos de nuestro pasado. Especialmente esos momentos donde nos sentimos mal emocionalmente. La idea es buscar las consecuencias de nuestros patrones de comportamiento. Es decir, encontrar esas experiencias pasadas que influyen en nuestro comportamiento actual. A partir de ahí, una vez detectadas, podemos reflexionar sobre ellas para darles un enfoque diferente al que teníamos asumido en nuestro subconsciente. Dándonos argumentos motivadores que nos ayuden a liberarnos de la culpa, la vergüenza, la timidez… Dependiendo de lo que cada experiencia nos haya generado y nos pueda estar generando en la actualidad.

Con este fin también puedes ver mi artículo: 9 consejos para soltar tu pasado y ser feliz

ALWAYS BEAT YOURSELF

SUPERATE SIEMPRE

Libérate de los lastres. No tienes porqué culparte cuando sabes que cada día nace algo nuevo en ti. Un nuevo ser todavía por resurgir. Porque en realidad es así. Y será esa mirada hacia el horizonte la que te hará volar sobre lo viejo para adentrarte a apreciar lo que siempre es nuevo. Lo que siempre ha estado aquí: tu ahora. Tu ser en este momento circunstancial del tiempo.

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