Disfruta de la inseguridad: Actitud para seducir

Antes de empezar a profundizar en el objeto de este artículo, adentrémonos en conocer la propia definición de inseguridad, para después intentar moldear nuestro enfoque hacia ella, de forma que podamos cambiar nuestra creencia de rechazo ante las situaciones en las que nos sentimos inseguros.

“La inseguridad emocional es una sensación de malestar, nerviosismo o temeridad asociado a multitud de contextos, que puede ser desencadenada por la percepción de que uno mismo es vulnerable, o una sensación de vulnerabilidad e inestabilidad que amenaza la propia autoimagen o el yo.

Una persona que es insegura no tiene confianza en su valía y capacidades; carece de confianza en sí mismos u otros; pueden pensar que los demás les defraudarán, y temerán defraudarles ellos mismos; o desconfía de que las actuales circunstancias positivas sean tan sólo temporales. Este es un rasgo común, que sólo se diferencia en el grado del síntoma entre las personas” (http://es.wikipedia.org/wiki/Inseguridad_emocional)

Como hemos visto, ésta surge cuando algo amenaza a nuestra propia imagen. Aquí es donde pone las cartas sobre la mesa nuestro ego, que ante una situación de amenaza a su integridad reacciona de la mejor forma que sabe: NO HACIENDO NADA, y acomodándose en lo que ya conoce.

De esta forma, nuestra mente tiende a huir de esas situaciones que no están bajo control.

La cuestión es que en un arte como el de la seducción hay pocos factores que estén bajo nuestro control, ya que en él interviene otra persona con la misma capacidad de decisión que nosotros. Es por eso que intentar “constipar” o acabar con la inseguridad es sumamente complicado. Pero… ¿molaría no tener inseguridad?

Procedamos ahora a hacer un ejercicio. Este ejercicio es muy sencillo y lo podrás hacer mientras lees este artículo, ya que únicamente consiste en imaginar dos situaciones. En las dos partiremos desde el mismo punto de partida, y es el de empezar a conocer a una persona nueva que nos atrae.

Primera situación: empezamos a conocer a esta persona y la situación va como la seda. Desde el primer momento nos recibe con los brazos abiertos y las conversaciones se suceden sin problemas. Notas que se siente muy atraída por ti y está dispuesta a hacer un esfuerzo por acercarse más y más. La tienes en el bote y todo ha sido muy fácil. Ambos acabáis besándoos.

(Detente unos segundos, cierra tus ojos y concéntrate en esta situación. Cuantos más detalles añadas mejor. Imagínate a la chica, cómo va vestida, el entorno que os rodea, qué se escucha de fondo. Y sobre todo, qué estás sintiendo. Nota que no sientes inseguridad ninguna. E imagina ese beso en el que os fundís. En cómo es y qué sientes cuando empiezas a besarla)

Segunda situación: de nuevo, empezamos a conocer a esta persona, pero la situación es distinta. Aunque nos mantenemos hablando con ella, no terminamos de percibir un interés palpable por nosotros. Apenas hace esfuerzos en que la conversación continúe, y es mordaz y dura contigo. Te encuentras en una situación en la que no sabes muy bien qué hacer. Esta persona te encanta pero no reacciona tan positivamente como suelen hacerlo otras chicas. Conforme hablas con ella te va gustando más y más y no terminas de tener claro si tú a ella también le gustas, o es que está jugando contigo, o tiene novio, o qué es lo que pasa. El caso es que te sientes inseguro y nervioso. Conforme aumenta tu interés hacia ella aumenta tu inseguridad. Finalmente acabáis besándoos.

(De nuevo cierra los ojos e imagina todos los detalles al igual que en la primera parte. Pero esta vez incide en la sensación de inseguridad. De no saber qué es lo que va a pasar. De estar fuera de control. De nuevo imagínate este nuevo beso)

Como veis, ambas situaciones empiezan y acaban igual. Pero, ¿Con cuál te quedarías? ¿Qué beso sería el que habrías disfrutado más? ¿En cuál de ellas crees que habrás disfrutado más del proceso? ¿En cuál de ellas has sentido más?

La seguridad es más que nada una superstición. La vida es una aventura atrevida o no es nada (Helen Keller)

La inseguridad aporta emoción a la vida. Hace unos días conocí a una chica, en la que la situación se asemeja a la segunda que hemos imaginado. Tuve que hacer gala de todas mis habilidades de gestión de rechazo para conseguir siquiera mantener viva esa interacción. Era una chica muy dura. Antes de iniciar esta interacción había estado observándola. La llevaba viendo mucho tiempo y me atraía desde siempre, toda una belleza española, por lo que el deseo era muy alto y la inseguridad se había convertido en un muro.

Además estaba rodeado de muchas personas conocidas que podían verme fracasar. No era como entrarle a una chica nueva que si te rechaza te da igual y pasas a otra. Ésta realmente me gustaba. Finalmente repetí en mi mente “Ama el riesgo”, y no pude evitar quedarme pasado. Disfruté muchísimo de esa interacción. Fue muy divertido gestionar todos los rechazos y bordarías que me lanzaba, y la satisfacción posterior fue muy enriquecedora.

En la seducción se dice mucho que hay que practicar, practicar y practicar una y mil veces, como el que aprende a tocar el piano. Pero esto no es creatividad, es memorización. La creatividad surje del amor, no de la ambición. Un seductor puede follar mucho con muchas chicas, pero esto no significa que sea creativo. Puede estar desempeñando un papel. El mismo papel memorizado que ha desempañado tras mucha práctica. Pero no es creativo, sólo es un robot ambicioso. Sólo busca satisfacer su ego.

Yo prefiero que la seducción sea INSEGURA, que no cuente con un guión establecido. Que cada momento sea nuevo, que nada en tu mente te diga cómo actuar más que el dejarte llevar por lo que observas y sientes.

Cada experiencia es un cuadro en blanco muy diferente al anterior. Cada experiencia es completamente nueva. Y cada experiencia es disfrutada salga bien o mal. Es ese momento en el que no sabes qué coño estás haciendo pero todo fluye de una forma imperfecta. Un robot no siente, actúa ante viejos patrones. Un artista se funde. Deja de ser persona y fluye con la energía. Disfruta de la inseguridad y de afrontarla, pues sin ella sólo seríamos máquinas que no sienten nada.
¡Feliz buena vida!

 

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