Las creencias son como una mapa de conceptos que guían nuestra vida sin que a menudo nos demos cuenta de ello. Las vamos adoptando a lo largo de la vida a través de la educación; ya sea en instituciones académicas como a través de lo que vemos y sentimos en nuestra propia vida.

Como todos sabemos, nuestro subconsciente tiene muchísimo más poder que nuestra mente consciente. Siendo esta la que capta la información de una forma selectiva. Es decir, ella elige aquello que procesamos y cómo lo procesamos a través de nuestras estructuras mentales. De ahí que controlar nuestras creencias y aprender a dirigirlas sea tan importante, pues son las que se encargan de articular casi todos nuestros comportamientos posteriores.

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Imparte David Jungle, autor de esta entrada.

Tú eres el responsable de programar tus propias creencias

Si por ejemplo, a una persona no le ha ido bien en sus estudios, quizá por una mala organización o por falta de empeño; la consecución de cierto número de fracasos le puede llevar a repetir pensamientos como este: «A mi no se me da bien estudiar, mejor que haga otra cosa».

Esto podría llevarla a abandonar sus estudios cuando quizá era perfectamente capaz de sacar excelentes resultados académicos. Siendo estos pensamientos que se repiten una y otra vez como una especie de autohipnosis que nos lleva a creer lo que nos decimos cuanto más nos lo repetimos. Lo que nos lleva a crear condicionamientos limitan en control de nuestros actos.

Nos dirigimos hacia el abismo o hacia la gloria dependiendo de en qué punto pongamos nuestra atención. Si ese punto nos lleva a desempeñarnos con esfuerzo e ilusión en áreas desconocidas, el crecimiento está asegurado. Si ese punto nos hace apostar por lo más cómodo y esta conducta se repite, tarde o temprano la mente se nos pudre. Opta por lo desconocido y valiente será siempre tu camino.
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Las creencias nos condicionan

Cuando enfrentamos cualquier situación automáticamente nuestra mente se pone en marcha y comienza a estimular distintos estados emociones. Sin embargo, lo que a menudo perdemos de vista es que estas emociones que nos impulsan se ven continuamente influenciadas por nuestras formas de pensar.

Funcionamos por asociaciones que nos llevan a deducir posibles resultados sobre nuestros actos. Por eso cuando nos sentimos fracasados en un área de nuestra vida, automáticamente se va oscureciendo nuestra visión hacia otras áreas completamente distintas. Siendo habitual la llegada de inquisidores y maquiavélicos juicios: «Eres un desastre y por más que lo intentas no tienes remedio».

Esos juicios se traducen en creencias limitantes momentáneas que motivan nuestro estado de ánimo en ese preciso instante, y en creencias arraigadas si con el paso de los días nos las seguimos repitiendo. Pudiendo materializarlas en los resultados de nuestra propia vida al ser nosotros mismos los que nos dirigimos hacia ellas por culpa del pensamiento.

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Sin embargo, por más que nuestros resultados puedan ser malos, seguimos siendo nosotros los que los hemos representado a través de patrones mentales. ¡No es algo que nos defina! Solo son pensamientos que nos guía de mala manera. ¡Podemos deshacernos de ellos!

Cambia tus creencias negativas con representaciones positivas

Como enseña Tony Ribbins en su libro Poder sin límites: «Si nos representamos a nosotros mismos que las cosas no van a salir bien, no salen bien. Si nos formamos la representación de que irán a pedir de boca, entonces creamos los recursos internos que necesitamos para producir el estado que, a su vez, nos capacita para obtener resultados positivos».

Acuérdate de un momento en tu vida en el que te sentiste completamente confiado, creativo y seguro en todo lo que hacías. Recuerda como en ese estado tenías respuestas inmediatas a cualquier duda o impedimento que te surgiera, e imagina que pudieras recrear ese estado cada vez que quisieras. A lo que le añadiremos una frase positiva pero realista que nos sirva de palanca motivacional. Es decir, una frase que rompa con la dinámica de pensamientos negativos para que estos no forjen creencias perjudiciales.

Utiliza creencias mediante frases a modo de impulso

A mi me pasa a menudo que en momentos de bajón, pienso: ¿Cómo es posible que en retos pasados parecidos a los actuales a penas dudara y ahora solo encuentre objeciones por todas partes? ¿A caso antes pensaba tanto en todo lo que podía salir mal? ¿No será que no estoy en un estado adecuado?

Lo que hago entonces es evocar en mi esos estados emocionales que en mi pasado me impulsaron recreando las mismas sensaciones y pensamientos que sentí en aquellos momentos mágicos. Recuerdo esas creencias que en su día consiguieron motivarme a seguir avanzando: «Cualquier reto está cargado de problemas, pero si sigo adelante, encontraré las soluciones. Solo tengo que seguir avanzando».

Lo importante es que confíes en esas creencias positivas que pueden reestablecerte, y lo mejor para eso es evocarlas a través de recuerdos. Es decir, utilizando creencias que se sustenten sobre experiencias pasadas propias. Como esta que se suele utilizar mucho en películas de acción: «He estado peor que ahora y siempre he salido adelante». La que puede llevarle a tu mente el siguiente mensaje: «Sí, es cierto que has estado peor. Es cierto que has enfrentado situaciones similares. Es cierto que al hacerlo creciste y al final te aportaron cosas positivas. Por tanto ahora volverás a hacer lo mismo».

Creencias que nos llevan de menos a más

Otra opción es crear creencias que nos potencien a ir más lejos sustentándolas sobre realidades más sencillas; como ocurre siempre en todo progreso. Lo que a uno, por ejemplos, le puede llevar a pensar: «Si ya monté un pequeña empresa de éxito, ¿qué problema hay en que ahora intente montar un proyecto mucho más grande?».

Esta forma de superase se relaciona con la creencias de que si ya supimos hacer algo a pequeña escala podemos elevar todo ese aprendizaje hacia un reto superior. Como suele ocurrir con personas que han pasado por experiencias traumáticas menores al sentirse mucho más fuertes de cara a afrontar traumas mayores en el futuro: «Por muy mal que lo pase mañana volverá a salir el sol, así ha sido siempre».

La mejor forma de combatir la oscuridad es arrojar luz sobre ella. Despréndete de las creencias que te limitan potenciando todas esas creencias que te hacen crecer e ir un paso más allá. No pongas el foco de atención en lo que te hace sentir inferior, ponlo en lo que te hace sentir invencible.

No te identifiques con las creencias negativas

Lo vimos al inicio de este artículo en el ejemplo de la persona que se decía que no valía para estudiar. Formar nuestra identidad y nuestras creencias de esta forma puede llegar a resultar absurdo. Es ridículo decirse a uno mismo que no vale para algo cuando apenas ha hecho esfuerzos por intentarlo.

Esto a menudo se produce en sociedades donde los valores sobre el esfuerzo son vagamente escasos. En España y en Latinoamérica seguimos teniendo esa tendencia a pensar de que si algo no se nos da bien de entrada, es que nunca vamos a ser buenos en ello. Hay poco espíritu de superación.

Lo más curioso es que a menudo me he encontrado con persona que critican a quienes intentan superarse o sienten un sentimiento como de: «Necesita mejorar porque no está bien». Lo que a muchos les lleva a ocultar ese espíritu de superación por sentirse avergonzados. Como si uno tuviese que andar con la cabeza agachada ocultando que le gusta hacer deporte, algunos agachan sus palabras ocultando que les gusta leer sobre temáticas de autoayuda.

Las malas costumbres del corto plazo

En la sociedades de consumo nos hemos acostumbrado a obtener lo que queremos o necesitamos rápidamente, yendo nuestra paciencia en continuo descenso.

Sin embargo, sin paciencia una persona perfectamente capaz de ser muy buena en algo, puede acabar abandonando rápidamente ante pequeñas frustraciones. Puede crear creencias limitantes del estilo de «Definitivamente… jugar al baloncesto no se me da bien». Y eso lo dice cuando ha estado jugando un par de tardes con personas que llevan años haciéndolo… ¿Dónde está ahí el realismo?

Tengamos en cuenta que a menudo nuestra mente funciona demasiado a corto plazo. Surge algo que nos motiva, nos llenamos de ilusión imaginando que seremos lo más de lo más en eso, y nos lanzamos a la carga sin pensarlo. Pero las cosas que merecen la pena no son sencillas y el golpe no suele tardarnos en llegar cuando no atajamos nuestras ilusiones de forma sincera. Es decir, asumiendo el tiempo y el esfuerzo que nos puede llevar el desarrollarnos para conseguirlas.

Analiza con consciencia

El consejo es sencillo, antes de estructurar y formalizar pensamientos en tu mente, detente un segundo y analízalos bien. Pues es posible que muchas de esas creencias que te impongas sean falsas y para lo único que te sirvan sean para reducir tu autoestima, frustrarte o sentirte menos capaz y predispuesto a luchar por cualquier cosa que desees.

Una forma de hacerlo es la empatía, y para eso iremos al ejemplo anterior. ¿De verdad crees que vas a jugar al baloncesto a un nivel parecido al de alguien que lleva años haciéndolo? ¿Sería eso justo? ¿Por qué presupones que tú deberías haber nacido con un talento sobrenatural para ello? ¿No es eso absurdo?

Otra forma de ser consciente es el sentido común: ¿Sería razonable que intentásemos tocar un tema de AC/DC en nuestra primera toma de contacto, y al no conseguirlo pensar que la guitarra no es lo nuestro? Sé que parece una tontería visto así, pero a nivel subconsciente veo a muchas personas con creencias formadas de esta forma. ¡Lo veo todos los días! ¡No lo hagas!

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Asume únicamente los retos que puedas abarcar

Si no estás dispuesto a hacer el sacrificio que lleva llegar a ser exitoso en algo, pues tienes otros intereses, no lo asumas. Yo no estoy dispuesto a aprender a tocar la guitarra. No porque no me guste, sino porque prefiero aprender más sobre otras cosas como psicología o moda, o seguir perfeccionando mi forma de escribir.

Tengo otros intereses es los que quiere ser bueno que ya ocupan mi tiempo. Uno debe asumir los retos desde un punto de partida claro, desde la aceptación de que está dispuesto a involucrarse y comprometerse con ese sueño durante largo tiempo.

No me juzgues por mis éxitos, júzgame por las veces que me caí y volví a levantarme.
Nelson Mandela

Empieza a sanar tus creencias pasadas



Como ya hemos apuntado previamente, todo lo que ya hemos vivido y todo lo que hemos pensado y repetido una y otra forma forma parte de nuestros condicionamientos. Lo que hace que en nuestra mente, al igual que ocurre con un ordenador, exista una programación preestablecida. Sin embargo, esa programación puede modificarse y actualizarse al gusto.

La forma de hacerlo es la meditación y la reflexión. Reflexiona echando mano de tus recuerdos y busca esos momentos críticos que te llevaron a pensar de una forma concreta. Sabrás identificarlos rápidamente porque nuestra mente recuerda muy bien todo aquello que en su momento nos impactó.

Un ejemplo de reprogramación de una experiencia pasada

Imaginemos que pasamos hace años por una traumática ruptura de pareja. La persona que amábamos nos dejó por otra, lo que nos hizo sentirnos desgraciados y poco atractivos. Llevándonos esto a su vez a generar pensamientos que hoy en día son creencias que forjan inseguridades.

Ahora, desde un espacio relajado de no juicio y aceptación completa hacia ti mismo, observa como si estuvieses fuera de esa imagen todo aquello en lo que pensaste y sentiste desde el sentido común. Percatándote como lo que en ese momento hizo que esa relación fracasara, puede haberte llevado a propiciar cambios en ti para que eso en un futuro no ocurra. O si no has hecho esos cambios, visualízate haciéndolos con ilusión en tus próximos días.

A partir de ese argumento de que has cambiado o estás cambiado, recuerda esas frases negativas que en su momento te dijiste y con cada respiración, cada vez que sueltes ese aire, imagina que salen de ti. Soltando todas esas creencias inútiles que no te llevan a disfrutar de la vida con confianza.

Poco a poco notarás como te empiezas a sentir mejor y tu confianza en ti crece por momentos. Si no sabes muy bien como hacerlo por que no tienes experiencia meditando, puedes empezar con mis audios de meditación guiada gratuitos.

ALWAYS BEAT YOURSELF

SUPERATE SIEMPRE

Si hemos de fracasar, fracasaremos. ¿Dónde está el problema? Aprenderemos de cada uno de nuestros fracasos. Atentos y expectantes a saborear con intensidad los éxitos que día a día llegarán. Fieles a nuestro propio camino, no hay nada que temer. Únicamente seguir caminando pese a los tropiezos.
#wearebrave

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0 thoughts on “Deshazte de las creencias limitantes

  1. CONSUELO dice:

    Genial, simplemente genial, tu capacidad para decirme lo que necesito oir, es increible David, cómo acaricias mi alma y de qué manera das respuesta a mis inquietudes,… mágico, como la vida misma. Contigo la magia existe, no hacen falta trucos. Gracias por estar en mi camino y por todas las flores que cada día pones en él…..

    1. Jajaja, muchas gracias una vez más Consuelo. Si mis palabras pueden acariciar al menos un alma ya me puedo dar por super satisfecho jaaj. Un saludoo!!!

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